sábado, enero 24, 2015

Pacto con la Muerte


Cuando era pequeño la Muerte era una cosa lejana, ajena.

Los muertos eran gentes de otras casas, las personas se morían a distancia; la mayor parte de las veces la noticia me llegaba a través del filtro de la televisión o de la prensa. O era un pariente remoto y desconocido cuyo rostro se desdibujaba en nuestra memoria. No había dolor, todo lo más una tristeza pasajera.

La Muerte me respetó durante tantos años que desarrollé un extraño pensamiento supersticioso: todo aquel que conocía no se moriría nunca y si pasaba era porque me había olvidado de ellos.
Por eso, sobre todo antes de dormir, repasaba interminables listas de seres queridos para librarles de un olvido que podría llevar aparejada una sentencia capital. Con este conjuro infantil mantenía a raya a la huesuda y no le permitía acercarse a mi casa.

El sortilegio funcionó durante muchos años. Para mi sorpresa, de tanto en tanto, la Muerte rompía con las reglas del juego que yo (pequeño e ingenuo aprendiz de brujo y de tirano) le había dictado, y me arrebataba alguien cada vez más cercano. Al dolor creciente se unía la estupefacción y la ira ante  el pacto roto. Y me atormentaba un sentimiento de culpa porque no había pensado lo suficiente en ese ser (ese ser que ya no era); no me había concentrado en él lo bastante para salvarlo de las insaciables garras de la Parca.


Los buitres vuelan cada vez en círculos más cerrados. Y tengo mucho miedo.

Ahora os dejo, que tengo bastante que pelear con esta traidora hijadeputa que se empeña en robarme lo que aún no es suyo.


viernes, enero 02, 2015

miércoles, diciembre 10, 2014

Crimen pasional


Tengo un carácter difícil, impetuoso. 
Reconozco que mi temperamento irracional me pierde, me ciego y pierdo los nervios con facilidad, pero es que él me puteó desde el primer momento. 
Cuando lo conocí yo no sabía dónde me había metido aunque supe de inmediato que, tarde o temprano, íbamos a chocar. Pese a que cualquiera con dos ojos en la cara se daría cuenta al instante de que aquel tipo feo y flaco era un individuo ridículo no pude evitar fijarme en él, y ésa iba a ser mi perdición. Lo seguí a todas partes. Siempre se burlaba de mí en público y con el mayor de los desprecios se chuleaba ante los demás cada vez que me humillaba. Yo me daba de cabezazos porque no lograba comprender que pretendía hacer conmigo tratándome de aquella manera. Sus continuos engaños, además, me enloquecían.
Debería aprender a controlarme, lo sé. Nunca aprendí a contar hasta diez antes de explotar y la sangre me hierve con facilidad y me nubla la vista, pero es que parecía que se esforzaba en causarme el mayor dolor posible en todo momento. Y por su sonrisa cualquiera diría que disfrutaba con aquello. Me hacía daño. Un daño atroz.
Habíamos bailado hasta el agotamiento. Me acarició. Yo me froté contra sus muslos. Dimos vueltas y vueltas hasta jadear sin aliento. La pelea de aquella tarde iba a ser de las que hacen historia. Nos miramos a los ojos con una mezcla de odio, recelo, y miedo, mucho miedo. La gota que colmó el vaso de mi paciencia fue cuando me apuntó con su arma el muy cobarde, él, que presumía de tener los cojones más grandes. Pensaba que  iba a desplomarme de rodillas ante él, que iba a tumbarme a sus pies con la mansedumbre de los derrotados, de los vencidos. 


Pero a los de mi casta nadie nos enseñó a poner la otra mejilla. Cuando se nos ofende embestimos a todo lo que se nos pone por delante.
Soy culpable. Sé que ahora me encerrarán y me harán pagar por lo que he hecho. Probablemente con mi vida.

Me llamo Islero y yo maté a Manolete.

jueves, diciembre 04, 2014

Ante todo, mucha Karma.



Eso del Karma es un camelo.
En mi vida he conocido gente mala, pero gente mala de verdad. Al lado de ellos, los malos que ustedes conocen por el cine, las novelas o los noticiarios son unos angelitos mofletudos. Gentes capaces de destrozar, devastar a todos los miembros de su propia familia y cometer la crueldad de dejarlos con vida. Y créanme, la mayoría de estos criminales gozaron de una larga existencia, el remordimiento jamás les hizo perder un solo minuto de sueño y sus vidas fueron, por lo general, bastante menos grises y tristes que las de todos ustedes.
Lo de que el mal que engendres dará la vuelta al mundo hasta encontrarte no es más que un mito. Y aquello de que en otra vida un Dios castigará a los malos y premiará a los buenos... Por favor, no me hagan reír.
Yo antes pensaba como ustedes, es por eso que el primer crimen es siempre el más difícil. Pero eso fue hace ya mucho tiempo.
Los únicos que lo pasan mal en esta vida son los estúpidos, los que no hacen bien su trabajo. Así que, si tu vida es un infierno, ya sabes quién es el culpable. Si yo les contara lo satisfactoria que puede ser a veces mi profesión...

Cuando recibo un encargo, concreto los detalles, analizo el objetivo, escojo el arma adecuada, elaboro concienzudamente el plan y la ruta de fuga; el día acordado realizo mi tarea con precisión y limpieza, mutilo el cadáver según lo convenido, borro mis huellas y/o dejo otras que incriminen al pringao que me designen, y abandono el lugar con tranquilidad; mi corazón late al ritmo del tuyo cuando te das un baño de espuma. Luego paso a cobrar, ni un centavo más, ni un centavo menos. Y siempre en efectivo. La profesionalidad se paga.

Si está interesado en contratar alguno de nuestros servicios, llame al 616905212. Ya no admitimos los vales de descuento.

sábado, noviembre 22, 2014

Cayetana

No sé a que viene tanto desgarrarse las vestiduras entre la progresía e intelectualidad ante el homenaje popular y mediático con que se ha despedido a la Duquesa de Alba: que si era una terrateniente sin entrañas, que si su fortuna tenía una exención fiscal del 90 por ciento, que si no estaba un pijo buena... ¡Paparruchas! Maledicencias de gentes de baja ralea y dudosa condición.

Méritos no le faltaban a la buena señora para que le estemos eternamente agradecidos. Si no fuera por ella y la familia que engendró las peluquerías de este país serían lugares más silenciosos que la biblioteca del Hogar del Sordomudo. Esta mujer ha encarnado durante décadas el esperpento nacional con tal maestría que se merece una estatua en mitad de la Plaza Mayor. Yo sería el primero en ponerme a la cola para hacerme una foto de su bracete.
Muerto Giacometti, no sé que otro escultor podría reflejar con realismo el surrealismo de su figura estrambótica: ese cuerpecillo de Marilyn de todo a cien adornado con galas de Alta Costura recién salidas de las màs selectas traperías del Rastro y coronado con la peluca encanecida de Harpo Marx. Quizás los moldeadores del Museo de Cera que son capaces de monstruificar cualquier efigie serían capaces de afrontar el desafio de emular su rostro simiesco, pero tengo yo mis dudas.
A esa estatua siempre le faltaría algo; esa voz lastimera de anciana mimada. Esa dicción caprichosa que nadie supo corregir en su infancia de una buena hostia, ni en los mejores colegios británicos enderezaron el defecto porque la disciplina inglesa ya no es lo que era. Esa voz es la de alguien que lo tuvo todo, que vivió en Xanadú y nadie le negó nada, pero que todo el afecto que recibió de niña se lo dieron las criadas.
¡Pobre niña rica!

miércoles, noviembre 19, 2014

TIEMPO DE GALERNA


Imagen: Laurie Lipton


Las últimas luces de la tarde se colaban por los inmensos ventanales del Ateneo. La silueta del palacio de los Revillagigedo, restos de una muralla romana recrecida en ladrillo visto, la Colegiata y algunos edificios actuales sin sustancia se apelotonaban en aquel encuadre acristalado; dos mil años de historia se daban codazos por aparecer en la foto. Más abajo, los barcos cabeceaban en la dársena tratando de proteger sus replegadas velas blancas de la grisura del invierno. Los cabos golpeaban en los mástiles desnudos con el esquileo de un rebaño marino; aquel sonido recordaba el tintineo de un comensal cuando golpea con una cucharilla la copa antes de iniciar un discurso.
 El edificio era un pastiche entre lo rancio y lo postmoderno, la recia mampostería se combinaba con las líneas rectas de un mobiliario anodino. La última planta estaba aún a medio restaurar, un montón de viejos libros y la  enmohecida pinacoteca permanecían arrumbados contra el muro cubiertos con la enorme loneta que alguien había reciclado cosiendo unas velas viejas.

Ese caos mal camuflado y poco estético, y una fatigosa escalera, ahuyentaban a la mayoría de esa sala pero a Silvia le gustaba disfrutar de ese aislamiento para corregir exámenes mientras sus hijos jugueteaban a su lado. La curiosidad infantil se sentía irresistiblemente atraída por los tesoros ocultos bajo ese inmenso bulto misterioso que disparaba su imaginación.
¡Es el fantasma más grande del mundoooo!   bravuconeó el chaval tratando de amedrentar a una hermana que siempre lo superaba en audacia. La niña alzó el pico del toldo y echó un vistazo.
El viento roló en el puerto. El cielo se tiñó de una negrura violenta. El tintineo de los balandros aceleró su ritmo. El martilleo tenía ahora la insistencia desesperada de una moribunda que golpease con una cucharilla el vaso de la mesilla de noche tratando de atraer inútilmente la atención de una familia inexistente en una mansión vacía.
¡Fuera de ahí! ¡Vais a romper algo! --les gritó al verles desaparecer bajo la tela. 

Un golpe de agua en los cristales hizo temblar los cimientos del edificio. Un relámpago extinguió de un soplido todas las luces de la ciudad.
Buscó a tientas en el bolso su móvil. La torpeza del nerviosismo hizo que tardará segundos largos como horas en encender la linterna. Con la fuerza y el instinto de una loba que siente amenazada a su camada descorrió de un sólo tirón aquel pesado  lienzo como si estuviera hecho de gasa. Revolvió retratos y libros a manotazos  para despejar el escondite de sus hijos.
La luz cruda del móvil devolvía a la vida por un instante a aquella galería de seres olvidados. Todos aquellos retratos, aunque eran de diferentes épocas y estilos, compartían el mismo aire de desolación en la mirada. El más grande representaba a una anciana rodeada por toda su familia. Su rostro era una mezcla de abandono, amargura y rencor a partes iguales. 

Silvia dejó de respirar. Una uña de hielo amarillo  le desgarró de un zarpazo todas las venas de su pecho al reconocer el brillo húmedo de la súplica en aquellos cuatro ojos que la miraban aterrados desde el regazo de la anciana. 

miércoles, noviembre 05, 2014

SHIBARI




Le he visto hacerme lo mismo una y mil veces. Me alza sin apenas esfuerzo. Me sujeta entre sus manos con suavidad y firmeza al mismo tiempo. Le encanta sentir mi sedosidad deslizarse rodeando su cuello; ese abrazo tierno en el que deposito mi amor cada mañana.
Tira de mí. Me desequilibra de una forma calculada, exacta, milimétrica y rutinaria. Luego me hace dar vueltas, me ciñe atrayéndome con fuerza hacia sí. Me da otra vuelta, como en un parque de atracciones, me pone boca abajo, boca arriba, hasta que casi pierdo el sentido. Me hace pasar por el aro, sin miramientos, con un gesto decidido del que sabe lo que quiere, como conseguirlo y que no admitirá la menor resistencia. Me retuerce, me ata, y todo sin apenas mirarme, sólo tiene ojos para admirarse ante el espejo, maquinalmente, con esa mímica estudiada y repetida de memoria. 
El último gesto es siempre el mismo. Aprieta el nudo con las dos manos, casi hasta el límite de nuestras respiraciones. Afloja un poco, me acaricia y luego recorre todo mi cuerpo con la mano, aplastándome contra su pecho tibio.

Y no volverá a acordarse de mí hasta que regrese a la noche del enésimo Consejo de Administración. Se deshará de mis lazos con alivio  de un desdeñoso tirón y me dejará tirada en una percha hasta el día siguiente.
Y mañana volverá a tratarme como si fuera un trapo.

miércoles, octubre 29, 2014

Odisea: Primer borrador.



Háblame, Musa, de aquel varón que contempló desde la orilla de Ítaca alejarse a la cóncava nave sobre el violáceo ponto y vio encogerse la silueta de su amada hasta fundir en un punto su  hermosura con la  brillante Aurora de rosáceos dedos que sirve de telón al horizonte.

¡Oh, diosa, hija de Zeus! Cuéntanos cómo se atormentó cada noche imaginándola manoseada por una tripulación transformada en una piara de cerdos libidinosos. Cómo sufrió creyéndola en brazos de un gigante de un solo ojo o restañando las heridas de un hermoso Aquiles rubio y moribundo; temeroso y siempre angustiado de que ella probara el fruto del loto, ese que hace germinar el olvido en el corazón y aniquila por siempre todo deseo de regreso.  

¡Insensato varón! ¡Él, que tanto presumía de astucia y era el más necio de los hombres! Pobre náufrago en tierra que a la luz de la luna habría de tejer una urdimbre de celos, una celada de araña, para al día siguiente destejerla y, con aquel hilo de sospecha y mala baba, volver a tramar la trama de una nueva historia que poner por escrito.
Así mil y una noches torturado por el desvelo de los célibes, por el tormento de los ignorados.
Así mil y un días, dejándose la vista y la vida en cada línea hasta quedarse ciego.

miércoles, octubre 22, 2014

Herpes Zóster


El malvado granjero Herpes Zóster peleaba como cada tarde con su hijo Incesto y su hija Prolapsos por la posesión de la garrafa de aguardiente. Los tres se revolcaban haciendo montonera entre las pajas del establo. La chica hacía tenaza en los testículos de su hermano con una mano llena de verrugas, el resoplante muchacho se defendía y le hidrataba el pecoso rostro con una mascarilla de boñiga de vaca. Los animales huían despavoridos porque no era la primera vez que habían sufrido en sus propias carnes la rudeza y la lujuria de la familia Zóster; el asno rebuznaba su angustia desesperada, los perros defendían su castidad escondiendo el rabo entre las piernas, los cerdos enloquecidos daban vueltas al trote cochinero. Las gallinas, en cambio, se mantenían expectantes porque, como todo el mundo sabe, son aves de naturaleza casquivana y moral disoluta.
El alboroto era tal que la esposa del granjero interrumpió el amasado de un pastel de ruibarbo y menudillos de coyote para ir a poner orden en aquel guirigay. La señora Purgaciones se remangó el delantal y alzó la sartén que usaban  indistintamente tanto para calentar las gachas como para recoger las inmundicias de la abuela Incontinencia,  que llevaba encamada media vida y era abuela por parte de padre y por parte de madre. Lo último que escuchó el viejo Herpes antes de desmayarse fue el chasquido de los huesos de su cráneo.
*                  *                 *


Linda Macarena paseaba su culo gordo por el garaje del museo Ferrari. Las piezas de la exposición "De la rueda al Testarossa" se amontonaban aún sin desembalar. Linda odiaba sobre todas las cosas hacer guardia por la noche. Se le hacía eterna, tantas horas sin fumar y encima los zapatos de uniforme la estaban matando. Para pasar el rato quiso hacerse un selfie ante una limusina y enviarla a sus amigas del coro góspel de las Perpetuas Adoratrices pero ¡Oh, my Lord! No había cobertura.
Un ruido horrible la alertó. Trató de localizar el origen. Parecía salir de una polvorienta caravana de pioneros. Se subió al pescante y enfocó el interior con la linterna. Un sin techo roncaba en un charco de orines.
-Apaga esa luz, japuta- graznó el malvado Zóster frotándose siglos de legañas con las mangas de los calzoncillos.
Macarena recorrió con el foco la extraña figura de aquel vagabundo borracho.
-Señor. No puede estar aquí. Tendrá que acompañarme -le ordenó mientras acariciaba la culata de su pistola eléctrica.
-Pero si es una negra. Nunca había visto una negra usando pantalones.
Herpes sujetó una pipa de maíz entre sus despobladas encías.
-¡Señor, aquí no está permitido fumar!
-No creí que esto fuera una iglesia, putita.
-¡Señor, no utilice ese lenguaje conmigo!
-¿Quién eres tú para darme órdenes, Mariguarri?¿Qué son estos carromatos tan raros?
-¡No se lo digo más, aléjese del Bugatti! ¡Eh, eh, eh, no vomite ahí!
-¡Límpialo tú, negraza!¡Con la lengua! Y de paso me vas a limpiar a mí.
Con torpeza intentó desabrocharse y rebuscar algo en el interior de sus calzoncillos largos.
Las sesiones de control de la ira de las Perpetuas Adoratrices no habían servido para nada. Toda la furia que se puede llegar a acumular durante una infancia en un suburbio de Tennessee se le agolpó  en las venas de su sien.
Le vació el cargador entre los ojos. Lo arrastró por los pies hasta un coche fúnebre, lo introdujo en el ataúd de atrezzo y cerró el portón.
Se dirigió a la salida con un cigarrillo apagado en los labios. Mientras rebuscaba un encendedor en los bolsillos, masculló entre dientes:
-Queda sólo un cuarto de hora para acabar mi turno. Y no va a ser un puto blanco el que retrase el  momento glorioso de quitarme los zapatos.

sábado, octubre 11, 2014

SE FUE


Se fue.

Y no me dejó besarla por última vez.
Y no me dejó tocarla por última vez.
Aunque el amor bullía en sus ojos
como en los míos.

martes, septiembre 16, 2014

El papel de flamencos y escandinavos.



Cada vez estoy más convencido de que el famoso tercer ojo del que tanto hablan los apasionados de filosofías zen y otras majaderías es, sin lugar a dudas, el ojo del culo. Cuando tengo que tomar una decisión importante, cada vez que en la vida he tenido que escoger entre dos caminos que se bifurcan, me he dejado guiar por esa vibración en el ojete con fe ciega en que no me va a fallar el instinto del ciego; si se contraía al avanzar por una de las ramas del camino lo desechaba para enseguida ir a tomar por el otro lado de la senda en el que mis esfínteres se sentían más relajados y menos constreñidos.

Como estoy muy agradecido a tan acertado lazarillo procuro darle un trato esmerado y librarlo de asperezas con el fin de que tan delicada brújula no pierda sensibilidad y marque siempre mi norte.

Durante este viaje he venido observando las muy diferentes cualidades y  calidades de los papeles higiénicos que vinimos padeciendo en los hoteles de distintos países.

En Holanda, por ejemplo, el rollo tenía un muy patriótico y desenfadado color naranja. Temeroso de que destiñera, me recliné y pedí a mi acompañante que lo comprobara; mi pareja declinó mi solicitud con una excusa que se me antojó inventada tal vez porque fue expresada de una manera grosera y tan irritada como para hacerla incomprensible.

El papel alemán, en cambio, parecía fabricado con el material con el que están hechas las nubes. Tenía una textura regia, sentías como si un armiño se deslizara entre tus nalgas. Su sutileza no estaba reñida con una estructura firme, un dibujo geometrico que confería la necesaria rugosidad funcional. La perforación  permitía un corte perfecto, milimétrico, sin que se produjeran jamás los antiestéticos flecos de un mal recorte. Los alemanes siempre empeñados en enseñarnos a los españoles como hacer un buen recorte...

¿Cómo definir al papel danés con una sola palabra? Cuqui. El de los daneses era una monada minimalista, de diseño delicado y encantadora estética. Una caricia para los sentidos pero además respetuoso con el medio ambiente, ecológico, ergónomico, ético, multicultural. Lo que se dice un papel enrollao.

Por el contrario, el papel noruego era tan rudo y escaso que se diría el que utilizan los trolls en lo más profundo del bosque. Un único rollito miserable, sin el preceptivo recambio imprescindible en caso de emergencia o tormenta intestinal, este racionamiento te obligaba a economizar a fin de que te durara hasta el fin de la estancia. Su color, triste y grisáceo,  revelaba que había sido reciclado una y mil veces. La finura de la hoja no garantizaba, en absoluto, una menor rudeza; era un papel tosco, de una aspereza que sólo el curtido culo de un explorador ártico puede tolerar. El del hotel me recordó el que exhibían en las vitrinas del Fran, un buque con el que esta gente intrépida afrontó en los albores del siglo XX la búsqueda del paso del Noroeste y la ruta a los casquetes polares. Si soy sincero, el rollo que exponían en el museo me pareció mucho más nuevo que el nuestro.
Mientras castigaba la almorrana con aquella lija infame me retrotraje a la infancia en un arrebato de nostalgia.  ¡Ay! ¡Aquellas hojas de periódico colgadas de un clavo en los retretes de los apeaderos de la Renfe! Franco era muy consciente de que los españoles sabrían dar un doble uso a la prensa y por eso los periódicos tenían unas hojas enormes con las que te envolvían el bacalao en las pescaderías y aún sobraría papel para empaquetar un cachalote. Si los chavistas hubieran copiado a Franco y no se empeñaran tanto en cerrar periódicos los venezolanos ahora no tendrían tanta escasez de papel higiénico. Y es que ya no quedan dictadores como los de antes...

Perdonad, que se me va la bola ¿Queréis saber cómo son los europeos del Norte? Puessss, como en el viejo chiste de Quevedo: Por sus culos los conoceréis


domingo, agosto 10, 2014

El deshollinador


El deshollinador resbaló,
cayó desde el tejado
y nadie pudo ver
la pequeña nube
de tizne, sangre, escarcha
que brotó con su último lamento.

Sólo los cuervos.

Siguió nevando
hasta cubrir con el mimo
de una madre llorosa
su traje de enterrador
y la chistera aplastada.
Los trapos de nieve
se posaban con dulzura
temerosos de causar
el más ínfimo daño,
tejieron un sudario de armiño
trenzado con caricias delicadas.

A la luz de la Luna
las estrellas de los copos
se fundían con la carbonilla
y el hollín de su ropa oscura;
negro sobre negro
y blanco sobre blanco
dibujaron el contorno
del niño muerto
sobre la fría tierra.

Es hermoso ver
a las siluetas siniestras
del fúnebre cortejo
con sus mejores galas
de un luto riguroso
volar, danzar y picotear
sobre su tumba blanca.

(Homenaje a William Blake. O plagio descarado, lo que ustedes prefieran)


domingo, agosto 03, 2014

EL GOLPE


Mi carrera criminal comenzó una cálida mañana de domingo en la púnica ciudad de Cartagena.

Lo que nos atrajo no fue aquel tentador tesoro de chicles Bazzoka. Lo que nos fascinó fue aquella máquina expendedora, con sus tiradores brillantes de zinc-aluminio y su robustez que se nos antojaba mágica y que resistía impune los puñetazos y patadas que le propinábamos.
No teníamos la peseta que demandaba aquella vendedora rígida e inflexible.  Al principio tratamos de engañarla metiendo perragordas de las plateadas pero la tragaperras las escupía desdeñosa como burlándose de nuestra torpe astucia.
Mi hermano era muy mañoso. Había otra máquina con un volante, la Monza, metías la moneda y tenías que hacerla llegar a la base con la habilidad de tus giros. Si te fallaba el pulso y te excedías en la inercia la moneda se despeñaba al trazar la curva y se perdía para siempre por un lateral. Mi hermano siempre lograba que aquella putamáquina que devoraba mi pieza a las primeras de cambio le devolviera la suya cada vez que jugaba. Me daba la sensación de que mi hermano tenía la llave secreta del placer infinito, pues podía jugar eternamente hasta el hastío.
Convencí a mi hermano, que era tan mañoso como manipulable, para que recortase la silueta de una peseta que pedimos prestada en el cartón de una caja. Metió la falsa monea en la ranura con la fe del creyente que espera el milagro de los panes y los chicles. El cartoncillo quedó atascado en el trayecto. Un poco nerviosos pulsamos el botón de devolución. Al principio con despreocupación. Luego con más indignación. Finalmente con una mezcla de frenesí y desesperación culpable.
Metí alguna de mis monedillas por ver si con el peso se desatrancaba la máquina. La muy odiosa no sólo no nos devolvía la de cartón sino que se quedaba con las de aluminio. En un último intento desesperado metimos la peseta prestada y nos quedamos blancos de horror al ver que también se la tragaba. La emprendimos a puñetazos y puntapiés hasta que nos cansamos de su intolerancia: Ni chicles, ni monedas y encima la habíamos estropeado para siempre. Y a ver que le contábamos al dueño de la peseta.
Alertado por el aporreo, apareció, no se sabe bien de dónde, el dueño de la tragaperras. Pude escapar pero atrapó a mi hermano por el cuello de la camisa y le pidió muy amablemente explicaciones. Mi hermano volvió a casa con un par de explicaciones marcadas en la cara.
No pude dormir en toda la noche por culpa de aquel fracaso.

Mi primer paso como delincuente me enseñó varias lecciones:
-Es mejor dar el golpe en grupo y rodearse de especialistas. Si os pillan siempre se le puede echar la culpa a otro que se coma el marrón.
-Para dar un golpe siempre se necesita algo de financiación previa (el pardillo que nos prestó la peseta para calcarla). Los que financian es mejor que no sepan mucho de que va el golpe.
-Jamás cometas un golpe cuyo botín no compense el daño que provoques o el castigo que recibas.

miércoles, julio 30, 2014

¡¡¡100.000!!!


Conseguir las primeras 100.000 páginas vistas en el blog me ha costado 8 años y más de 500 posts. Esa cifra la consigue Paquirrín con sólo colgar una selfie del pezón en mitad de su torso depilado.
La vida siempre se encarga de poner a cada uno en su sitio.

lunes, julio 28, 2014

EXHIBICIÓN AÉREA


Uno escucha "exhibición aérea" y lo primero que se le viene a la cabeza es una muestra de los distintos tipos de aire. 

Y espera ver revueltas las arenas de la playa con un tornado que pavonee impúdico toda su potencia cónica y vertiginosa succionando con su trompa casetas y bañistas. Y el espectáculo de un huracán exótico y tropical que despeine y tumbe las palmeras en el muelle. O el ventarrón de una galerna del Cantábrico que hace gala de todas sus humedades e inclemencias. O esa ráfaga de brisa huérfana que se cuela silenciosa y clemente en tu habitación durante una tórrida noche de verano. 
Si la muestra se pone chusca, también son aires los gasecillos amorosos que expele un bebé sobre el hombro de su madre, o el cuesco sonoro y burlón con que nos obsequia el loco de la vía cuando nos echa en cara nuestra triste vida.

Y uno piensa en el aire frío de una mañana en la montaña y no acaba de entender que tendrá que ver con todo esto un montón de naves grises que te hacen temblar las tripas y logran espantar a todas las gaviotas.


domingo, julio 27, 2014

ART GRECÓ



Siempre que visito el Museo del Prado busco el mismo cuadro. En él se plasma el milagro de San Cosme o San Damíán, no recuerdo bien, que con los santos que van por pares te pasa como con Ortega y Gasset que nunca sabes quién es uno y quién es otro.

Los santos clásicos solían alcanzar beatitud y celebridad no por una larga vida piadosa y sacrificada sino por un punto culminante en su carrera que los diferenciaba del resto del santoral y que permitía identificarlos al primer vistazo en su iconografía. El cuadro representaba ese punto álgido: El santo milagrero y cirujano le cortaba la pierna a un negro para implantársela un blanco. 
No recuerdo bien cual era la versión que colgaba en el Prado porque a lo largo de la historia el tema fue abordado por diversos pintores cada vez más políticamente correctos. En las primeras versiones el negro aparentemente había sido privado en vida de su miembro (y miembro aquí no significa lo que estáis pensando); en las más modernas el tema se dulcifica y el negro tiene más pinta de haberla espichado (y espichado aquí no significa lo que estáis pensando) antes del trasplante.

Nunca se me logra ver de nuevo el cuadro porque la dirección del Museo lo guarda en algún oscuro almacén. Supongo que los vigilantes estaban hartos de poner orden al cachondeo que se formaba entorno al cuadro, de que la gente se hiciera selfies a la pata coja y otras bromas chuscas de peor estilo.

Defraudado por la ausencia de tamaña obra maestra me dirigí hacia los Jerónimos, no para fortalecer mis sentimientos nacionales con una homilía enfervorecida a cargo de un cura trabucaire y fascistón, sino porque los gerentes del museo han decidido crear allí un ghetto para el arte moderno y contrastarlo con la obra de un pintor que jamás logró pintar un pie como Dios y el Arzobispo mandan: El Greco. 

Os lo recomiendo, los cuadritos están muy bien y todo está muy bien pensado, muy estudiado. Lo único reprochable es que da un poco sensación de cambalache siglo XXI ♫♪♫mezclao con un Kandinsky ves un Bosco o un Pollock, un Warhol o un Miró, Picasso o un Dalí♫♪♪. Hay una encrucijada en la exposición en el que puedes ver al menos treinta cuadros sin moverte del sitio con sólo girar la cabeza 360 grados, como si fueras un buho. Todos los días, en ese punto, sacan a varios visitantes desmayados afectados por el síndrome de Stendhal. La dirección se excusa y contrataca: "No haber girado tanto para ver los cuadros, si quieren dar vueltas que se monten en un tiovivo".

Lo que no conseguí ver fue el cuadro de San Cosme, ni tampoco vi por ningún lado esta versión del caballero de la mano en el pecho de nuestro genial GIN. 



Puede que el arte moderno haya conseguido entrar en el Museo del Prado por la Puerta falsa de los Jerónimos. Pero, de momento, el humor no parece haber entrado por ningún lado.


viernes, julio 18, 2014

Fenghuang


Sé que unas inundaciones en China son un desastre natural que apenas llama la atención por mucha gente que arrastre la riada y que, aunque la noticia haya salido hoy en el telediario, no le habréis prestado mucha atención.

A Fenghuang se llega en un tren fantasma que nadie sabe cuándo sale ni de qué estación. Cuando te cansas de preguntar a taquilleras, revisores y demás ferroviarios que no se ponen de acuerdo; de consultar guías y páginas web que se contradicen, decides que es mejor tomar el autobús para no acabar en Siberia.

Un curioso autobús-cama en que los asientos han sido sustituidos por literas de tres pisos y cuyo cuarto de baño es una botella de agua que va pasando de mano en mano te deja, después de muchas horas de carreteras polvorientas, en medio de un pueblecillo pintoresco a orillas de un río.

El pueblo debe de resultar exótico hasta para los propios chinos. Hay millones de turistas locales cruzando a saltitos los puentes de piedras. El único occidental es un guiri pelirrojo con el que te cruzarás tantas veces durante todo el día que al final os acabáis saludando. El paisaje es tan fotogénico que las novias, vestidas de rojo, escogen el skyline de pagodas y casitas típicas para hacerse el reportaje de boda; le ponen caritas al fotógrafo, hacen corazoncitos con los dedos, sacan morritos e imitan las poses supermoñas de las modelos de las revistas. Son dominantes, irritables e impacientes. 

Los novios chinos en cambio, son megadóciles, hipercariñosos y ultrasumisos. Empiezan a seguir la moda koreana de vestir la ropa a juego con su pareja y es habitual ver a dos clones con suéters fucsia paseando cogiditos de la mano. Un buen novio siempre cargará con el bolso de su chica para preservar del lastre la espalda de su princesa.

Estábamos en una terraza con vistas a un paseo sobre el río. Era un extraño karaoke al aire libre en el que un chinorri se desgañitaba interpretando canciones rusas en genuino ruso con todo el sentimiento y melancolía de su alma eslava. Justo bajo nuestro balcón una pareja estalló en una riña de enamorados. Ella gritaba y él callaba. Sin darle tiempo a reaccionar la chica empujó al chico y lo tiró al río. El muchacho nadó como un perrillo para evitar que se hundiera el bolso que llevaba en bandolera y que la corriente había arrastrado. Lo rescató, humillado, subió chorreando al muelle y echó a correr detrás de su adorada, tratando de coger su mano y suplicando su perdón.

Fenghuang quiere decir Fénix en chino. Ha habido decenas de muertos y cientos de miles de evacuados. Con el carácter que tienen sus mujeres no tengo la menor duda de que este pueblo inundado sabrá renacer de sus cenizas y sus lodos.




miércoles, julio 16, 2014

EL TALLER


Cierto día de mi adolescencia pasé delante de uno de esos talleres desvencijados y decadentes en los que, poco a poco, la grasa va devorando a la luz hasta convertirlos en una gruta pastosa y  sombría.

Iba con Germanín, un medio pariente, cartagenero de origen y carácter, muy dado a las coñas en voz alta y a la risotada incontrolable. Al pasar ante el portón reparamos en que, sobre el foso de los mecánicos, la techumbre de escayola presentaba un boquete enorme, muestra inequívoca de un error de cálculo. A alguien se le había ido la mano al elevar con el gato hidráulico  un vehículo para hurgarle en las entrañas y practicarle una cesárea mecánica de emergencia. 
El agujero era aún más negro que la inmensidad oscura que lo rodeaba.

Nos parapetamos tras un burladero de madera gris en el que hacía ya años una mano torpe había escrito con una letra que pretendía ser de molde "Por fabor, no aparcar o abisamos grua". Asomamos las cabezas  al interior de aquel antro y empezamos a reír, a exagerar la risa con tal de joder más, señalando con un dedo insolente el destrozo que llevaba años sin reparar.
El mecánico salió de entre las sombras, limpiándose unas amenazantes manazas con una madeja de trapos. Eran unas manos rudas, de dedos amorcillados y se las veía tan fuertes que podrían estrangular niñatos gilipollas de dos en dos sin apenas esfuerzo. Nos gruñó algo incomprensible con una voz floreada de flema y espumarajo e hizo amago de lanzarnos una llave inglesa.

Mi compadre le plantó cara:

¡Oiga, mi perro es más que usted!

Metió las manos en el mono azul, nos miró con ojos nublados de derrota y se dio la vuelta.

La lengua de un hombre siempre sabe escoger la palabra que más hiere.

lunes, julio 14, 2014

POBRE DE MÍ


Pobre de mí. La verdad es que no me entero de nada.
Al parecer la policía foral Navarra anda loca tratando de identificar al individuo de rojo para sancionarlo con una multa que puede llegar a los 3.000 Euros. 
Según informan, este despreciable extranjero, (porque seguro que es un guiri), con su reprobable actitud estaba poniendo en riesgo la vida de los miles de paseantes que en esos momentos recorrían apaciblemente el casco histórico de Pamplona, tranquilamente leían el periódico,  admiraban la arquitectura en pendiente de la calle la Estafeta o hacían algo de footing para digerir la chistorra. 
Este vándalo temerario, con su incívico gesto estuvo a punto de deslumbrar a los viandantes con el fogonazo del flash, o de tropezar con alguno provocando una masacre colectiva; es más, aunque las imágenes no son determinantes, se sospecha que pisó a un señor de Tafalla que tuvo que ser atendido por las asistencias con pronóstico reservado. 
 La inefable Mariló Montero ha condenado con dureza desde su tribuna televisiva estos hechos con la repulsa que provocan entre la ciudadanía. San Fermín no se merece esto-- afirmó mientras se persignaba. El cronista oficial de la Villa confirma que no se habían vivido escenas de tanto riesgo en toda la historia de los encierros y que de repetirse esta manía perniciosa de fotografiarse habría que suspender los encierros para evitar males mayores. El arzobispo de Pamplona ha declarado que la fotografía es un arte del diablo y que si aún está por demostrar el que los negativos roben el alma de la persona fotografiada lo que es seguro es que el capotillo de San Fermín no funciona en modo flash. 

Los sanfermines son un bien de interés cultural irrenunciable. La televisión recoge todos los años los sesudos comentarios de pastores y ex-corredores que comentan las retransmisiones, engolan la voz para sentar cátedra sobre la forma correcta de enrollar un periódico, los estiramientos necesarios para mejorar la capacidad anaeróbica durante la carrera o la física aplicada a la adherencia de las zapatillas sobre el empedrado húmedo. Estas piezas maestras de la dialéctica enriquecen nuestro acervo cultural y amplían nuestros limitados horizontes intelectuales. Las universidades de medio mundo se disputan a estos ilustres conferenciantes.


 Los toros son unos animales nobles y bondadosos incapaces de hacer ningún daño a la gente que disfruta sanamente de la fiesta. Su presencia aporta el color necesario y lucen mucho en las camisetas de Kukuxumuxu. Que en los últimos años hayan dejado sin dientes, sin bazo, sin hígado, sin testículos, parapléjicos o sin vida a decenas de corredores son pequeñas minucias que no deslucen el esplendor de esa tradición tan nuestra que es el encierro. 
El que de verdad tiene peligro es el gilipollas de la foto.