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miércoles, julio 02, 2014

El pequeño gorrión.



Me habréis oído contar mil veces que no soporto a ese tipo de amantes de los animales que, en cuanto ven un gatito abandonado, se lo llevan a casa achuchándolo hasta la asfixia, lo fumigan, lo despiojan, le arrancan las uñas para que no les arruinen las cortinas, lo encierran de por vida en sus minúsculos apartamentos y lo que es peor de todo, lo castran sin compasión ( porque este tipo de gentes son muy de castrar). Además lo encierran con otras gatas esterilizadas sumando la tortura del deseo a la frustración de la impotencia . Entre todos estos felinicidas están contribuyendo a la extinción del gato callejero o, cuando menos, a acabar con la anárquica felicidad de estos seres libres.
Pues, aunque os parezca raro, en contra de mis costumbres (en contra de mis principios) esta mañana recogí a un bicho callejero.

Un pequeño gorrión, minúsculo y novatuelo en la cosa del volar, se estrellaba una y otra vez contra el cristal de mi oficina. Sabéis que la piedad no es uno de mis sentimientos favoritos, así que no creo que fuera la compasión lo que me movió al rescate; más bien sería una mezcla entre la curiosidad y la perplejidad que me producía tanta obcecación en suicidarse a cabezazos, algo insólito en un animal tan joven.

Así que salí de la oficina. No me costó mucho esfuerzo cazar al pequeño TopGun, porque ya os dije que él era retorpe volando y yo practico todo el día en el trabajo cazando moscas. El piolín aquel apenas me ocupaba medio puño y pesaba como grillo y medio. Fui de despacho en despacho para enseñarlo a mis compañeros de trabajo con la vana esperanza de que algún espíritu caritativo adoptase al gorrioncillo. Alguna de las chicas gritó porque, como me conocen, se pensaban que les iba a lanzar cualquier sabandija. Al fallar el plan de adopción me encontré en una situación un poco ridícula, con algo entre las manos que no puedes soltar pero que tienes que soltar. Uno de esos dilemas de la Humanidad cuya solución esta sólo al alcance de los los grandes hombres. 

Tengo un don, en ocasiones tengo la capacidad de tranquilizar a la gente que está a mi lado (otros dicen que los amuermo porque lo mío es contagioso). Transmito una especie de paz borreguil. Entre el paseo y el calor de mis manos, al pajarillo se le pasó el agitón, su cabeza tontiloca dejó de estremecerse y daba muestras de un cierto sosiego, se diría que hasta daba cabezadas; aflojé un poco la presión de mis dedos no fuera a a ser que lo que le fallara fuera el riego y lo estuviera dejando inconsciente. Cuando juzgué que estaba lo bastante sosegado para no volver a hacer el kamikaze y lo bastante espabilado para que no se lo llevaran de picnic las hormigas, lo solté en el minijardín frondoso que hay en la esquina. Confío en que si el camuflaje militar se le da un poco mejor que la acrobacia aérea, sabrá mantenerse entre el follaje a resguardo de las gaviotas carnívoras que, en este barrio, son bastante pterodáctilas y salvajunas. El pajarillo se despidió de mí con un leve aleteo como diciendo: "tendré que apañármelas yo solo, siesqueeé".

*        *       *

Esta caso verídico me recordó el viejo chiste de las tres moralejas: 
Un pajarillo migraba hacia el sur. Un brusco cambio de tiempo lo congeló. Hundido en la nieve, estaba a punto de morir pero una vaca soltó lastre justo encima. La bosta caliente derritió la nieve y recalentó al ave. Al ver como la sangre volvía a circular, el pajarillo comenzó a cantar eufórico. Un gato escuchó aquellos trinos que salían del estiércol, desenterró al bicho y se lo zampó de un bocado.

1ª Moraleja: Quien te llene de mierda no siempre te hará mal.
2ª Moraleja: No siempre el que te saca de la mierda lo hace por ayudarte
3ª Moraleja: Cuando la mierda te llegue hasta el cuello, no se te ocurra decir ni pío.


martes, mayo 13, 2014

BESTIARIO VII - Fábula del cazador de mariposas.



El depredador más cruel del Universo es el cazador de mariposas.

Deposita un par de gotas de feromona

sobre el dedo corazón de su mano derecha.

La mariposa, atraída por el aroma,

cierra los ojos mientras liba el néctar de la yema,

lame con su espiritrompa ese trampantojo de corazón amado.

El cazador tensa el arco que forman el pulgar y el corazón de su otra mano.

La izquierda. La siniestra.

Al liberar el dedo, aplasta sin compasión al insecto.

Explota en el aire un arco iris de polvo de alas.

Una lágrima de falso amor corre por sus mejillas.


No hay mayor placer para este monstruo.



martes, abril 22, 2014

San Jorge y el dragón.



De las fauces de la bestia sólo salían hermosas pompas de jabón. San Jorge se acercó al dragón escondiendo, avergonzado, la lanza tras la espalda.

miércoles, agosto 07, 2013

Un sueño. Casi una pesadilla.


Anoche soñé con el minotauro. 

Yo formaba parte de una subespecie del género humano cuya debilidad mental, cuya vulnerabilidad, mitigaba la cólera del monstruo; nos toleraba al no sentirse amenazado, no como al resto de los hombres cuya violencia, cuya soberbia, sacaban a la bestia de sus casillas. Nuestra fragilidad era nuestro escudo. La mansedumbre nuestra salvación.

Los otros hombres nos arrojaban a las galerías oscuras. Puede que el minotauro estuviera a gusto con nosotros, los infrahumanos, pero nosotros sentíamos temor no ya de su presencia, sino que tan sólo la mera posibilidad de su existencia nos aterrorizaba. 
Era sentir unos pasos lejanos, o lo que interpretábamos como el sonido acre de unos cuernos rozando contra las paredes, y se apoderaba de nosotros un frenesí desesperado; excavábamos con nuestras manos, con nuestras uñas, aquella tierra oscura que tenía una consistencia blanda y quebradiza como de carbón de Reyes, tratábamos de huir como los topos huyen del agua que inunda su madriguera. 
Las galerías de aquella mina formaban un gruyére negro y caótico donde los agujeros se entrelazaban unos con otros, se retorcían en un laberinto intrincado y sin salida diseñado por el pánico.
Los humanos, desde una empalizada que cercaba el laberinto, succionaban aquel mineral desmenuzado con una tubería tan flexible y glotona como una voraz anaconda negra.
Amasando ese polvo con nuestro miedo el rey Midas era capaz de transformar en oro todo cuanto tocaba.

martes, diciembre 18, 2012

Bestiario VI - Los cuervos



                                                                 
Saturno cumplió años
y ahora le llaman don Saturnino.
Sus hijos le devoran con crueldad
picoteando muslos y pensiones
y se columpian insolentes
colgados de sus barbas.
Y todos se ríen
de los ojos de loco
con que los amenaza
porque nada se entiende
de su boca sin dientes.
También hacen burla
de su cuerpo desnudo
que, cada vez más flaco,
se diluye en la muerte
como un azucarillo.

lunes, diciembre 10, 2012

Bestiario V - Caracoles

9 de cada 10 gasterópodos opinan que todas las escaleras de caracol tienen los peldaños demasiado altos.




domingo, diciembre 02, 2012

Bestiarios III- Octopussy & Jellyfishy


El hombre pulpo se casó con la mujer medusa. El hombre pulpo es capaz  de estrangular con sus brazos toda una familia numerosa. La mujer medusa paraliza todo lo que toca, todo lo emponzoña con su falsa transparencia, su inocente ingravidez y su apariencia frágil e inofensiva. Es capaz de envenenar con los dardos de un solo chisme toda una comunidad de vecinos.

Dicen que el hombre pulpo es tan inteligente que puede atravesar el ojo de una aguja montado en un camello con todos los hombres pulpo que estrujan el mundo subidos en la grupa porque siempre están dispuestos a pasar por cualquier aro. Retorcerá sus propias convicciones hasta adaptarlas a cualquier molde y encima se sentirá cómodo en ellas. Además acierta siempre en todas las quinielas, aprendió como comprar la lotería para que le toque siempre y cuando las cosas se pongan feas sabrá escamotearse tras una nube de tinta.

La mujer medusa es liviana, translúcida, su presencia es engañosa porque está y no parece estar pues es tan fría como el agua que la baña. Atrae a sus víctimas en la oscuridad con su hipnótico brillo fluorescente; es muy promiscua y tan flexible que acepta y adopta todas las posturas como una muñeca hinchable de gelatina, aunque es tan viscosa al tacto que nunca tendrás la certeza de haberla penetrado siquiera. Jamás nada contracorriente. En grupo es temible como un tsunami. Sola es aún peor.

Cuando el hombre pulpo besa te hace trizas con su boca de ventosa dentada. El beso de una mujer medusa es un aguijón eléctrico que se adueña de tu espina dorsal y te convierte en su títere.
Cuestión de tentáculos.






viernes, junio 29, 2012

BESTIARIO I - El hombre carcoma


Le gustaba ser carcoma en el corazón de las mujeres.
Roer y corroer con palabras de amor su carne palpitante.
Disfrutaba al resecar la víscera sangrante
al taladrar arterias y válvulas
para succionar los fluidos vitales
con sed de mil desiertos
hasta transformar lo vivo en fósil
 y dejar un resto de serrín por huella
 en el lugar del crimen.