lunes, noviembre 28, 2011

PAELLA PARA UNO

A mi hermano Carlos, que dice que a veces lee el blog. Él dice que sabe leer, que nadie le abra los ojos a la evidencia, por favor.










Ayer cociné. Paella de alcachofas para uno. ¡Qué triste!
Podéis creerme o no pero es lo mejor que he comido nunca. Corrían las lágrimas por mis mejillas de lo buena que estaba. Me la comí yo solo y no os dejé ni un grano, no compartí mi creación con nadie. Fue como si Leonardo hubiera quemado la Gioconda nada más terminarla sin que otros ojos pudieran gozar de esa perfección que acababa de crear. Tanto arte en el plato, todo mio y todo para mí.

Con el sopor de la digestión me puse nostálgico. Echo de menos la promiscuidad. --¡Vaya cosa, como todos! --replicaréis. No hablo de esa promiscuidad. Me explicaré mejor:
Los que procedemos de familia numerosa añoramos aquellas  peleas a codazos en la mesa, reclamando un espacio como los lechones reclaman el pezón de su madre, o los nacionalistas las competencias territoriales; a veces a gruñidos, a veces a mordiscos. Las puntas del tenedor amenazaban al que había osado atrapar la última croqueta y la cosa  habría terminado en esgrima sin floretes trucados si mi madre no hubiera parado el lance a golpe de colleja. A veces pienso que el hule era muy práctico por si había derramamientos de sangre.
Echo de menos aquellas vajillas de Duralex blindadas, nada que ver con los platos del Ikea de ahora que andan desportillados de sólo mirarlos. La translúcida Duralex blanca, con los años, se iba volviendo opaca de tantos fregaos bajo el chorro del fregadero como si fuera un cristalino enfermo de cataratas. Desde la alacena la miraba ufana y desdeñosa la Duralex ámbar, la de los domingos, la que transformaba la simple Casera en una bebida exótica, tan  sofisticada como nosotros. La Duralex verde... ¡ésa era la que tenía la tu madre que fue una ordinaria toda su vida!

Los domingos tocaba  paella, claro, y mi padre siempre repetía que estaba mala porque se le llenaba la boca de granos. Domingo tras domingo. Año tras año. Como si cada vez fuera la primera que contaba el chiste malo."The sense of humor" de los Pazzos: original, fresco, superingenioso y ocurrente. ¿entendéis mejor ahora de que lodos vienen estos barros?
Eramos ocho, pero teníamos más hambre que los doce apóstoles después de la Cuaresma cuando vieron que Jesús se presentaba sólo con un pan para la cena. --Esta va a ser la última --amenazó Judas. 
Y después del arroz, los ocho, que pesábamos ya como doce, nos tumbábamos todos en el tresillo para ver en la tele a Maguila Gorila. ¿La palabra tresillo tiene algo que ver con tres? En mi casa el tresillo era un mueble que se cambiaba muy a menudo, vete tú a saber porqué.
A veces el marisco de la paella nos jugaba una mala pasada. Mi madre había examinado con mucha atención la gamba (femenina  y singular, femenina mi madre y singular el crustáceo). Aquellas patitas negras y aquellos ojos saltones de puro irritados por el ácido bórico que suplicaban clemencia la hicieron dudar un poco pero al final la sacrificó sin piedad en la paellera donde enrojeció como un guiri en Benidorm (como comprobáis, el sofisticado humor de los Pazzos ataca de nuevo). Total que aquella gamba, saboreada en régimen de multipropiedad, nos causaba estragos intestinales la muy puta y rencorosa. Ante el único baño se formaba una cola que luego inspiró a un publicista de la Once que vino un día de visita por casa. A diferencia de la hora del desayuno en que mientras uno se duchaba, otro se lavaba los dientes, aquel meaba, mi madre ponía la lavadora, mi padre se afeitaba, otro se peinaba, mi hermana nos despeinaba a todos con el secador, en esos momentos de desahogo intestinal respetábamos escrupulosamente la intimidad de cada cual. La respetábamos aporreando la puerta con la desesperación de un Pedro Picapiedra con retortijones. Al grito de "espabila Favila, que viene el oso" (Pazzos's humor again) tratábamos de conminar al asediado extreñido a descorrer el cerrojo y abandonar el castillo.  En la puerta del baño quedó un agujero para siempre que hizo mi desesperado hermano sirviéndose de sus botas Gorila como ariete. En la era pre-Airwick tomar la plaza así como así, con el asiento aún caliente, la cisterna zumbando y goteando sobre tu cabeza, y el papel higiénico todavía dando vueltas en el portarrollos  era toda una temeridad; los héroes de la central de Fukujima unos cagaos al lado nuestro. Pero la necesidad aprieta. Yel papel del Elefante rasca. Son dos de esas verdades que te va enseñando la vida. Tus primeras dudas existenciales las tenías cuando tratabas de escoger entre la cara satinada que resbalaba y la otra que te desollaba vivo. Mirabas con desolación aquellas 400 hojas envueltas en papel de celofán, cogías aquel rollo como Hamlet la calavera y declamabas: "No pienso, y también existo, ergo a la porra Descartes " (The philosophy of the Pazzos is not bad either).

Pero bueno, con tanta metafísica me he perdido, ¿de qué iba este post? ¿qué era lo que echaba de menos?

miércoles, noviembre 23, 2011

DIARIOS ESTELARES: EXPLOSIÓN DE BURBUJA DEMOGRÁFICA EN DUBLINIA.

Cuando leí el manifiesto de carga me froté la barbilla con preocupación. Nuestra nueva misión era más peligrosa que aquella vez que cargamos nitroglicerina caducada a través de las turbulencias de una supernova y esta singladura iba a requerir más delicadeza que cuando realizamos un transporte de cactus a bordo de un Zeppelin.

El cinturón de asteroides del Eire fue repoblado por emigrantes de la vieja Irlanda. Ningún sacerdote los acompañó en aquel éxodo porque, a comienzos del II Milenio, sufrieron una terrible persecución religiosa por un quítame allá esas pajas: total por unas inocentes fellatios, unas manu stuprare  y otras prácticas piadosas con menores que realizaban durante sus ejercicios espirituales. Pese a la ausencia de los líderes de su Iglesia, los habitantes de la nueva colonia preservaron su endémico rechazo al látex profiláctico lo que les condujo a una superpoblación incontrolable.

El gobierno dubliniano, presionado por la Autoridad Imperial,  decidió aplicar un recorte demográfico.  El   chambelán de Economía, el honorable Jonathan Swift XVI en su célebre edicto “A modest proposal” encontró una solución sencilla y práctica. De aquellas criaturas se podría obtener un excelente foie gras que tendría muy buena salida en los mercados orientales del Imperio que se pirraban por las delicatessen.

La organización clandestina  “Save the pibes” nos había contratado para eludir las draconianas medidas de ajuste y alejar de su destino a una piara  un grupo de chiquillos. Además de peligrosa, la mercancía era ilegal, contrabando puro, tráfico de menores. La ley sería muy dura con el que cruzase la frontera con todo aquel alijo de paté en potencia. Apagamos  el propulsor y nuestras luces de posición, dejamos que la inercia nos arrastrase a una bahía de atraque solitaria y abandonada. También sin luces, se nos aproximó una nave nodriza de la ONG que se situó a nuestra vera.  Ayudada por un brazo mecánico acopló su módulo de carga Ulises I en la bodega de nuestra nave y se largó cagandoleches.




Aparte de ser de un color verde moco, sus orejas puntiagudas y tener cada uno 6 brazos, aquellos chavales eran iguales que el resto de los niños: una panda de cabrones. Sus manos acababan en una especie de garras, por su aspecto parecían las uñas de un terrible felino, pero tenían la consistencia de los pelos de una marta cibelina. Cuando te acariciaban con aquellos dedos sentías unas cosquillas insufribles, te entraba una risa irreprimible y acababas  empapando los pañales de incontinencia.
Salieron en tropel por la escotilla de la bodega. Sus seis brazos resultaron muy aptos para tocar todo lo que no se puede tocar en un ingenio espacial, sintieron una atracción irresistible por el freno de emergencia, la ventanilla de evacuación y su martillito tan tentador, el botón de eyección...  A través de la escotilla observé horrorizado como uno practicaba esquí acuático en el exterior de la nave sujeto a una de las mangueras de incendios. Lo metí para adentro  tirándole de la oreja y entonces comprendí por qué las tenían tan puntiagudas. Nuestro escudo térmico había impedido que se chamuscase en exceso.
Los que quedaban dentro se dedicaron a vaciar los extintores para formar una piscina de espuma.  Dentro de aquel mar de babas las puntas de sus orejas asomaban en la superficie, tan amenazantes como las aletas de un cardumen de tiburones a la hora de la merienda. Recordé algo:
--¿Tenéis hambre?
--¡Síííííí! –gritaron, con la unanimidad propia del referéndum de una dictadura.
Encargamos 180 pizzas cuatro solsticios. El pedido nos lo sirvió Nguyen, el motorista vietnamita que tienen en plantilla los de Cosmopizza para los envíos  especiales.





Al acabar la pizza un silencio sobrecogedor invadió la nave y todos los niños desaparecieron. Pensé que con la merienda les habría entrado el sueño y   al ver la cabecita de uno tumbado me tranquilicé. Me duró poco. ¡¡¡Habían empezado a jugar a los médicos!!! Llegué justo a tiempo para impedir que, a uno que habían amarrado a la camilla, le extirparan el páncreas. Volví a meterle toda aquella viscosidad dentro y cerré la incisión con la grapadora. El apéndice de aquel mocoso desapareció flotando y nunca más volvimos a verlo.
Destaparon el polvo de plutonio radioactivo que utilizamos para avivar la  estufa de carbón en el invierno. Pensaron que eran polvos de pica-pica y jugaron a metérselos unos a otros por la espalda.  Al más gordito, se los metieron por la boca porque algunos lo acusaban de haberlos dejado sin pizza. Al anochecer la bodega se pobló de pequeños dublinianos fosforescentes  que revoloteaban zumbando como luciérnagas hiperactivas. El gordito parecía un gusiluz y todos los demás le observaban el abdomen y le pulsaban el ombligo por ver si se apagaba.
A Sozzap lo adoptaron por mascota. Cuando se durmió, le metieron gusanitos en la nariz para ver si dejaba de roncar. Poco a poco fueron cayendo fritos y se durmieron abrazados a él.  Sozzap, por no conocer no conoce lo que es un tabú y es el ser más pervertido de la galaxia, pero jamás abusó de una ameba antes de que alcanzara la mayoría de edad. Porque hasta él, que es la materia gris más gris y estúpida del Universo es capaz de comprender  que con los niños sólo se disfruta jugando como se juega con los cachorros. Y ese juego es el más divertido y tierno al que puede jugar un adulto.
Con todos dormidos y una vez la casa sosegada retomé los mandos de la nave. Pero no todos dormían. Un repelente niño gafotas observaba mis maniobras a mi espalda.
-- Si corregimos el rumbo a 260º Norte e incrementamos la velocidad a 900.000 match aprovecharemos el empuje  gravitacional de esa estrella gigante roja y a través de un agujero de gusano recortaremos la duración de nuestro viaje en un 70%.
Y se puso a pulsar teclas a toda velocidad, sin darme tiempo a detenerlo. Casi me da un soponcio cuando atravesamos las puertas de Tannhauser sin frenar y arañando toda la defensa.
Amarré a aquel pitagorín en la mesa de operaciones, desperté a aquellos aprendices de cirujano y les puse un bisturí en la mano.
--Venga niños. Ahí tenéis.
Pero una vez que a los niños les das permiso para algo pierden todo el interés…
He de reconocer que con la maniobra del mocoso atajamos  un montón y llegamos a destino en un pispás, esa unidad de tiempo que inspiró a Einstein su teoría de la relatividad. Cumpliendo las instrucciones de “Save the pibes” los desembarcamos en un planeta habitado por unas amazonas que convivían con gatos y preparaban rosquillas.
Arranqué los motores. Metí primera. Noté la palanca de cambios un poco pringosa. Aquellos cabrones la habían untado con Loctite. Despegamos (bueno, a mí me costó mucho trabajo despegarme). Sozzap aplastó su nariz todavía llena de gusanitos contra el cristal de la escotilla. A él también le costaba despegarse de aquellos monstruitos que nos decían adiós con sus seis manos y sus treintaiséis dedos.  A medida que nos alejábamos pudimos comprobar que aquella masa verde esmeralda que se agitaba tenía la forma de un enorme corazón palpitante y lleno de vida.

GOOGLE HOMENAJEA A STANISLAW LEM

Pulsa aquí para ver como era el doodle


Como todos sabéis (y el que no lo sepa que disimule) el verdadero autor de los Diarios Estelares fue el maestro Stanislaw Lem. Lo sé, soy un impostor, podéis escupirme a la cara.

Hoy hace 60 años desde que publicó su primer libro Los astronautas. Con tal motivo los chicos de Google le han dedicado su Doodle al escritor polaco. Acompañando a unos dibujillos animados muy simpáticos  podéis recorrer alguno de los universos que tanto nos gustan a Sozzap y a mí. El recorrido de punta a punta de la galaxia no os llevará más de cinco minutos. Cosas del espacio-tiempo.
Os animo a que pulséis en el enlace y veáis como se jugaba con los robots, es sencillo y siempre será más divertido que leerme.



P.S. ¿Sabrá alguien dónde jugar con los doodle antiguos?

martes, noviembre 22, 2011

No leemos, no sumamos, no escuchamos III

No escuchamos
escultura de Baldessari
No escuchamos, no sabemos escuchar.
He vuelto a apuntarme a clases de inglés por enésima vez.  A los españoles no se nos da bien hablar idiomas. Nuestros dirigentes no los dominan y es una de las razones por las que otras potencias nos tienen dominados.
Se habla mucho de las razones por las que se nos dan tan mal los idiomas; que si las películas las vemos dobladas y con ruido de palomitas de fondo; que si tienen poco espacio en los programas educativos; que si el sistema fonológico del español, con pocos sonidos y una gran distancia fonética entre ellos, nos dificulta la comprensión de los sonidos de otras lenguas; que si el español es un idioma tan superior a todos los demás que para qué vamos a aprender otra cosa…

Pero cada vez estoy más convencido de que el problema de fondo es que: NO ESCUCHAMOS.  Prestamos poca atención a lo que dice el otro. Seamos honestos, ninguna atención. Lo único que nos preocupa es captar una o dos palabras de su discurso para colocarles nuestro rollo, ese que tenemos tan bien pensado, que es tan brillante, a ver si lo dejamos con la boca abierta y, a ser posible, sin palabras. El interlocutor sólo sirve para darnos el pie sobre el cual montar nuestro despliegue de genialidades, pero que después se quede calladito y no nos robe protagonismo.

El monólogo es el género teatral ibérico por excelencia. Don Juan tirando de labia y no esperando de Doña Inés otra réplica que un asentimiento de cabeza, y un abrirse de piernas lo más rápido posible. Trato de recordar un diálogo teatral famoso en lengua castellana y no me sale ninguno, esas mariconadas las dejamos para Platón y los griegos. El diálogo es cosa de pusilánimes. No podemos dialogar con terroristas, sería una debilidad. En lugar de dialogar nos encanta dictar ¿HABRÉIS TOMADO  NOTA?, ¿NO? Pues eso.

No escuchamos,  interpretamos. Y seguimos la consigna de los intérpretes: Traduttore=tradittore  (no sabremos idiomas, pero el italiano lo dominamos todos los españoles, de eso presumimos ufanos, ¡gracias, Rafaella!). Cuando aparentamos escuchar, con una pose muy estudiada,  la barbilla apuntalada entre el índice y el pulgar, por un oído nos entra y por el otro nos sale.  Y el mensaje nos sale distorsionado, como en el juego infantil del telegrama, lo repetimos a nuestra manera, lo mejoramos, por supuesto, y lo hacemos irreconocible, ¡cómo no!

Nos horroriza escuchar nuestra voz en una grabación. No es extrañeza, no es pudor, no es vergüenza, es culpabilidad.  No queremos enfrentarnos a la prueba máxima de nuestra estupidez : la voz exterior "extridente", chillona, tartajosa, no se corresponde para nada con nuestra voz interior que creíamos tan armónica y ecualizada, hasta oirla no nos habíamos dado cuenta. Y nos percatamos entonces que  ni siquiera nosotros mismos nos  escuchamos las gilipolleces que decimos. Esas que las escuche el otro.

No escuchamos.

No te escucho.

No sé lo que de verdad quieres

Y parece importarme tan poco...

lunes, noviembre 21, 2011

ABECERDARIO


Wenceslao Tenorio era un bibliotecario metódico y puntilloso en todos los órdenes de la vida. Escogía siempre a sus amantes por riguroso orden alfabético: Ana, Beatriz, Carmen, Dolores, Eva...
Cuando llegó a la Ñ abrazó el celibato por el resto de sus días con el fervor furibundo de un converso.

sábado, noviembre 19, 2011

JORNADA DE REFLEXIÓN

INSTRUCCIONES PARA VOTAR

  1. Coge un sobre vacío.

       2.  Compara las distintas candidaturas


3.  Escoge cuidadosamente el candidato que más te guste



4.  Introduce tu voto en el sobre.


 5.  Ahora sólo tienes que ir a depositarlo en la urna y dejar tu Destino próximo en manos del ganador.



P.S. Aunque en la foto todos los embutidos parecen iguales hay un gran surtido donde escoger:

Hay chorizo de pueblo y longaagoniza. Hay choricillos rojos en ristra y chorizos verdes (sí, un poco verdes sí que están). Hay butifarra catalana, fuet integral, txistorra normal y txistorra picante quetecagas. Hay morcilla de arroz (aunque casi nos dejan sin arroz) y morcilla de compango. Hay sabadiego grasiento, hay mucha cabeza de jabalí y morcón (¿o era morzón?) ibérico que repite mucho.
 Y aunque aquí no sirven mortadella italiana porque está caducada tampoco podemos elegir las salchichas alemanas pero seguro que son las que al final se nos indigestan y acabamos todos comiendo chopped.

viernes, noviembre 11, 2011

DIARIOS ESTELARES: PARADA DE MANTENIMIENTO EN LOS SUELOS DE AJAX

NO ME PISES LO FREGAO



Las pelusas amenazan con devorarnos (y no es una metáfora). Revolotean hambrientas por la cápsula como dientes de león, esa flor terrícola empeñada en contrariar la ley de la gravedad con su insoportable levedad..
Todos los viernes pasa por nuestra estación espacial  doña Engracia Impoluta  a limpiar la nave. Después de dirigir una mirada rencorosa hacia Sozzap, se dirige muy digna hacia el armario de la lejía. Se calza sus dedos anchotes en  los guantes de goma con el desafiante gesto de un proctólogo, sin olvidarse jamás de dar ese latigazo con el látex que es siempre el preludio del dolor.

Mientras está en la nave ella toma el mando como hacen los prácticos cuando los petroleros tienen que entrar en puerto. Sozzap y yo nos sentamos acurrucados en el sofá ergonómico, presos del pánico, con los pies en el aire para que barra debajo.  Pobre del que ose bajar un pie, porque armada con el palo de la escoba es tan  temible y  precisa como un samurai practicando  Kendo. Al menor asomo de rebelión, si abandonamos nuestro lugar de confinamiento,  nos atiza con el mango en las costillas atajando el tumulto con más eficacia que una brigada de antidisturbios.  Su arsenal de armas químicas es inagotable,  lo rocía todo con amoníaco al que aparentemente es inmune;  mientras que con los vapores el rostro de Sozzap adquiere una coloración tornasolada ella inspira tan ricamente como si se columpiara en un jardín de rosas.  Tiene la teoría de que el salfumán es bueno para todo y en alguna ocasión la pillé rellenando con ese desinfectante los botes de polvos de talco que reserva Sozzap para esas ocasiones especiales en las que requiere los servicios de un ama muy maternal.

Doña Engracia es también una fanática del AirWick. Los tiene de todas las fragancias y  tamaños, en su armarito acumula recambios suficientes para transformar una granja de cerdos en una fábrica de Chanel 5. Y tiene la manía de pegarlos en los lugares más insospechados, el interior de la nevera o  en medio de la pantalla de plasma –es porque no ven ustedes más que guarradas –se justifica. Dentro de los condones encontramos a veces bolitas de naftalina. Sozzap, por pereza, no las quita nunca, dice que aparte de la placentera sensación de castigo le pone mucho  la vaharada de alcanfor que le atufa las narices en cada embestida. Además está convencido de que es el único espermicida eficaz para él.  Yo apruebo esta conducta, no puedo ni imaginar que sería del universo mundo si Sozzap tuviera descendencia.

Cuando la señora Engracia le da cera al piso saltan todas las alarmas de la estación espacial. No sólo nos obliga a caminar con dos pañitos en los pies para dar brillo al pavimento sino que como a la semana que viene detecte que se nos ha olvidado una sola vez utilizarlos es muy capaz de encerarnos el estómago. Si hemos sido malos nos aplica el método Netol: nos abofetea con los dos guantes a la vez; luego fricciona y estira de los mofletes hasta que tenemos las mejillas de un trompetista jubilado: lo que se dice unos buenos mejillones.

Doña Engracia canta siempre mientras trabaja. Acostumbrado como estoy a la voz de Sozzap escucharla resulta una experiencia tóxica aunque no mortal. De vez en cuando, en medio de la canción clava la fregona en el suelo  e improvisa unos pasitos de baile. Cuando está muy crecida coge la fregona con las dos manos y se marca un poquito de claqué. Las paredes de titanio de la nave tiemblan  y  se resquebrajan.  Todos los sismógrafos del Universo recogen de cuando en cuando unas inexplicables oscilaciones; ya sabéis a que se deben. Estos arrebatos artísticos suelen coincidir en el tiempo con las sisas que detectamos en la botella de Chinchón del mueble-bar.

Cuando acaba su tarea, doña Engracia se despide con un gruñido, una nueva mirada de profundo desprecio hacia Sozzap  y, al salir,  un vistazo en derredor antes de declarar:     –Espero encontrarlo todo la semana que viene tal como lo dejé, de lo contrario tendré que esterilizar TODA la nave –. Y recalca TODA sin parar de clavar sus ojos en nuestras encogidas partes. Después atraviesa la compuerta de salida con gran  dificultad, forzando el metal que se dilata  a su paso, protestando quejumbroso,  como el esfínter de un estreñido. En el espacio exterior, en el muelle de atraque,  la aguarda armado de paciencia su diminuto marido montado en un sidecar. Se monta y los vemos partir escorados.  Lentamente, su silueta se recorta a lo lejos en el horizonte eclipsando con suavidad la luz roja de la estrella Aldebarán. No entendí la causa del llanto en los ojos de Sozzap hasta que sentí correr las lágrimas por mis propias mejillas. La imagen de una pareja, por grotesca que sea, abrazándose bajo el palio de la luz crepuscular es de un romanticismo insoportable.



No os perdáis a Wenarto, un castizo que se atreve con "La Menegilda" y con todo lo que le echen.

domingo, noviembre 06, 2011

No leemos, no sumamos, no escuchamos II

NO SUMAMOS

Make every child count.
Advertising Agency: 141 Sercon, Mumbai, India
Creative Directors:
Rajiv Menon, Uday Patwardhan
Art Director: Deepak Khapare
Copywriter: Sandesh Parkar

No sumamos, no sabemos sumar. nos da pereza sumar.
El ciudadano no se complica en sumar, paga y calla, pierde el control sobre su cartera como pierde el control de su vida. ¿Has sumado tus gastos de hoy? ¿Podrías decir lo que suman tus gastos del mes? Si has respondido SÍ eres realmente un ser único, una especie en vías de extinción. La adicción a la adición no es la droga de moda precisamente. Nos ahorramos el esfuerzo mental del cálculo, odiamos las matemáticas desde pequeños. Somos capaces de realizar en nuestro trabajo los cálculos precisos para poner un satélite en órbita pero cuando vamos a pagar la cuenta del supermercado no tenemos ni puta idea de lo que van a cobrarnos. Esperamos a que la cajera del Mercadona nos azote la Visa a la cara para reconocer que tenemos que descambiar el Jabugo 5Jotas por el Chopped 5Chicharrones.

Tampoco suma el alcalde,el ministro, el gobernante; confía en que otro lo hará por él, pero ese otro delega en otro, que a su vez delega en otro que es, al final, el que siempre se  equivoca. La única aritmética que entiende el político es la aritmética electoral. Sólo usan el más para decir "Y tú más". Jamás suman pero, si los dejan, sustraen todo lo que pueden.

No suma el empresario. Nada le importan los sumandos, tan sólo le importa el resultado. Cuantos más dígitos mejor. En un juego cromagnon de ver quién la tiene más grande, se salta las sumas obsesionado en multiplicar los beneficios. Y su codicia le conduce a veces a multiplicarlo todo por cero.

No suman los economistas,  ni quienes dirigen los Bancos Centrales,  ni siquiera los Masters del Universo se entretienen en sumar, ¿para qué perder el tiempo? lo suyo es el vértigo del crecimiento exponencial, la magia de los números imaginarios. Capital es un nombre no contable, se empeñan en medirlo, en describirlo, proclaman dogmas del tipo: Los mercados no precisan normas porque se regulan ellos solos, y celebran un juicio sumarísimo contra todo aquel que ose contradecirles. No saben sumar riesgos, no supieron sumar las consecuencias de su ignorancia y no esperemos que a-suman ni sus errores de cálculo ni sus responsabilidades.
La culpa es nuestra porque les dejamos que  consumen todos estos atropellos.
No sumamos.
Si lo hiciéramos, sabríamos que nosotros somos más que ellos.

Resumo:

Lo peor de todo es
que he perdido la cuenta
desde la última vez
que tú y yo nos sumamos.


domingo, octubre 30, 2011

DIARIOS ESTELARES: CRÓNICAS UCRÓNICAS

Cuando murió Fidel todo cambió en la isla.
Lo primero que cambió fue la gente. De la noche a la mañana los mulatos descamisados que paseaban por el Malecón con garbo sandunguero se transformaron en atildados ejecutivos encorbatados, con rasgos japoneses, palidez escandinava  y acento de Serrano,  que se dirigían con ritmo estresado  a sus despachos.
Todas las aduladoras jineteras se habían hecho miembros del Ejército de Salvación, cambiaron los tangas y los mini-minishorts por trajes-chaqueta abotonados hasta la nariz. Sin embargo, conservaron el hábito de atosigar a los viajeros, si bien ahora para hacer proselitismo de todo tipo de abstinencias.
Los paladares se transformaron en lujosos restaurantes de diseño donde se podía pasar hambre a precios de escándalo.
El paraíso antillano era ahora un paraíso fiscal. Los yanquis arribaban a sus playas en sus yates, en sus barcos, en sus balsas, hasta en jacuzzis recauchutados, tan cargados de dólares que casi zozobraban, al borde del naufragio. Trataban de evadir capitales, ponerlos a salvo de la insaciable presión fiscal del gobierno socialdemócrata que aterrorizaba Washington.  Las todopoderosas  ONG’s  controlaban Wall Street y  amenazaban con confiscar hasta el último céntimo de las grandes fortunas.
El turismo seguía siendo la primera industria nacional. Los viajeros  descendían de los aviones pertrechados con sus gorros de lana, ansiosos por alcanzar el telesilla y deslizarse loma abajo por un paisaje nevado de abetos y coníferas. El cambio climático había invertido el sentido de la Corriente del Golfo y  ahora en las canchas de béisbol se podía practicar hockey sobre hielo al aire libre.
Guantánamo se pobló de jubilados americanos vestidos con chándals naranja que correteaban por el resort gastándose bromas pesadas, con capuchas, perros, y mucha orina.
La estación espacial de Cabo Cañaveral  se trasladó a Cuba, no porque poner en  órbita un cohete sea más fácil cuanto más cerca nos encontremos del ecuador, sino porque las mujeres de los astronautas descubrieron que en las peluquerías de la Habana la laca era mucho más barata y los cardados les salían por cuatro pesos.
Este era el motivo por el que Sozzap y yo nos encontrábamos repostando en el Caribe.  Nos habían contratado como tripulación de una flamante nave que acababa de fletar el Ente Cubano del Aerospacio, la RosaMari I. El diseño de nuestro fuselaje era pura aerodinamia, construido con retales de viejos carros americanos de los años 50, y si Werner von Braun levantase la cabeza se habría emocionado al contemplar el sistema propulsor hecho a base del carburador reciclado de una vieja guagua.
Cuando murió Fidel todo cambió en Cuba. Todo… menos la falta de libertad y democracia.
Ahora nadie canta.
Ahora nadie baila.

Un grupo de disidentes, hartos del clima que se respiraba en la isla decidió boicotear nuestro lanzamiento inaugural. Saltando las barreras de seguridad nos rodearon.
Vladimiro Bakunín un veterano secuestrador con un máster en Rapto, Violación y Tortura por la Universidad de Trípoli me apuntó con un plátano por la espalda.  Yo, como buen adicto al porno, sé que un mulato bien armado puede hacerte mucho daño,  así que opuse poca resistencia y nos dejamos arrastrar a la sala de mandos.
Vladimiro, clavándome el plátano en las costillas, gritó: ¡ARRANCA!
– ¿Dónde vamos? –le pregunté.
– ¡A Cuba!
–Pero, si ya estamos en Cuba –le repliqué.
–Esto ya no es Cuba  –sentenció lacónico.
La gente se apelotonó en la nave.  Acostumbrados a ir apretujados en las guaguas, los camellos y los metrobuses, encontraron el módulo espacial francamente espacioso.  Se acomodaron lo mejor que pudieron, aunque aquello parecía el camarote del camarada Marx.  Sozzap quedó aplastado entre la escotilla, los generosos pechos de una matrona y los glúteos rotundos de una bailarina del Tropicana. En esta postura no tardó en conciliar un  sueño plácido, el muy ruin, dejándome solo ante el peligro.  A mí me tocaron en suerte los juanetes de un octogenario que me pateaba la nariz. ¡Cuando nos dijeron que en este viaje  íbamos a disfrutar de los “Cayos” del Caribe creí que me esperaba otra cosa!
¡ARRANCA! –volvió a gritar Vladimiro.
Pulsé  el botón de ignición. Nada. Volví a apretar el botón. Nada. Un mozalbete muy mañoso se agachó debajo del volante y practicó un puente. El motor ronroneó. Ronroneó como nunca había oído ronronear  a un motor. Debía de ser porque los ingenieros habían suplido el combustible de oxígeno líquido (muy escaso por culpa del bloqueo) con Havana 7. Majestuosamente, nos elevamos surcando el cielo del trópico dejando un rastro de rosado algodón de azúcar.
Pusimos rumbo a un pequeño asteroide que orbitaba en torno a una estrella muy soleada. Cuando desembarcamos del RosaMari I y los pioneros cubanos pusieron pie en aquella tierra de promisión sintieron el impulso de bautizarla como Nueva Cuba. Para saciar la nostalgia de la patria que habían perdido decidieron vaciar los depósitos de la nave y celebrar una fiesta. Por fortuna pude convencerlos de que no se bebiesen también la reserva de carburante si no,  jamás habríamos podido volver a despegar.
Nos despidieron con aquella fiesta de fundación que terminó como suele acabar toda fiesta cubana, ¡con una tremenda resaca  al día siguiente! Mientras los hombres amanecimos tirados por la playa, las mujeres, que parecen tener una tolerancia al alcohol sorprendente, ya habían empezado a trabajar y habían montado una cooperativa cigarrera. Sozzap, fascinado, con la boca abierta y cayéndosele la baba,  contemplaba como las isleñas liaban los puros enrollando las hojas de tabaco apoyándolas en  los muslos desnudos y remataban la labor con la saliva de sus labios jugosos. Aunque trató con todas sus armas de convicción de que le vendieran dos docenas de aquellos muslos, al final tuvo que conformarse con un par de cajas de habanos.
Despegamos con mucha prisa, porque un huracán amenazaba con desguazarnos la astronave.  Con una lagrimilla en los ojos contemplé como poco a poco Nueva Cuba se empequeñecía. Creí que las lágrimas las provocaba la emoción hasta que vi el enorme puro que se estaba fumando Sozzap.  Lo malo no es que el extractor de humos esté estropeado, lo malo no es que la atmósfera de oxígeno puro esté a punto de inflamarse. Lo peor es que Sozzap acaba de prender una barbacoa para asarse un puerco.

miércoles, octubre 26, 2011

No leemos, no sumamos, no escuchamos.

I
NO LEEMOS


No leemos. Nos da pereza leer.
Quizás tenga la culpa Internet, nos hemos malacostumbrado a aceptar los larguísimos contratos de las descargas de programas sin saber a que verrugosa novia troyana le estábamos dando el SíQuiero. Ponemos una simple X; firmamos como si fuéramos analfabetos.
Acatamos todo lo que se nos presenta a la firma con la sumisión con la que aceptamos las lentejas de manos de nuestra madre, y rubricamos noimportaqué, lo mismo una renuncia a los derechos de primogenitura, que un contrato de trabajo en blanco, que una hipoteca sobre un cuarto de libra de nuestro hígado, que refrendamos una Constitución que jamás hemos leído (y que también refrendamos aunque no se nos deje leer siquiera). Signamos y nos persignamos.
En mi vida laboral he dado a firmar miles de documentos. En más de veinte años fueron menos de diez personas las que se molestaron en leer el contrato antes de estampar su firma. ¡Eran todos unos frikis! El resto firmaron sin rechistar, aun con la sospecha, con el convencimiento íntimo de que les estaban tangando. Por suerte para ellos no nos aprovechamos lo suficiente de su ciega obediencia y todavía les dejamos algo de sangre en las venas.
Tuve un compañero, un hombre honesto en nuestro mundo de perros que, tras un desengaño comercial , optó por jamás comercializar nada sin leer antes  todas las cláusulas. Así descubrió que, en un seguro de vida, o por mejor decir, un seguro de muerte, la única persona que tenía derecho a reclamar el cobro de la indemnización era el pobre difunto. Nadie se percató antes del error de redacción, ni quien dictó las torticeras cláusulas, ni  las autoridades que autorizaron, ni los vendedores que vendieron, ni los compradores que compraron: ¡Porque ninguno leyó! Como las personas que tenían que pagar las indemnizaciones en caso de deceso tampoco leyeron, las apenadas familias cobraron los seguros, aunque nadie tuvo que venir del Mas Allá para reclamar lo suyo.

No leemos lo que compramos. No leemos lo que vendemos. Ponemos una cruz en la casilla. Decimos Amén a todo. A unos se nos exige que consigamos el mayor número de cruces, y como premio recibimos cruces que nos colgarán del pecho, que nos pesarán como plomo en el pecho mientras enseñamos  orgullosos las muescas de nuestro revólver. Los otros, los crucificados,  no aprenden a leer en las nubes la tormenta que va a caer.

Pero aún es peor.
No leemos. NO SABEMOS LEER.
Ni el amor en los ojos que nos miraron,
ni el desamor en los ojos que nos evitan esquivos.



jueves, octubre 20, 2011

LÍNEAS FÉRREAS


Jugueteó con el ticket amarillo entre los dedos. “Líneas férreas del Mar Norte …” Sonrió con desgana.
Para líneas férreas las de un bando militar, o las de una sentencia de muerte, o las de un diagnóstico atroz, o las de un despido indecoroso, improcedente, impertinente, impresentable, inoportuno…
Líneas férreas como las del comunicado de un desahucio. Líneas férreas como las de una encíclica furibunda condenando al fuego eterno las conductas más inocentes. Líneas ferréas como las que forman los catecismos, las ordenanzas militares, las homilías furibundas, incendiarias.
Líneas férreas como las inscripciones en los brazos de los judíos. ARBEIT MACHT FREI. ¿Hay líneas más férreas que las de esta frase?
Volvió a releer el oficio. Alguien había ametrallado aquellas letras sobre papel timbrado.
En unas pocas líneas el juzgado le comunicaba que le retiraban la custodia de su hijo. Eran sólo unas pocas líneas férreas, que abrasaron sus ojos como plomo candente.

domingo, octubre 09, 2011

amor,amor,amor,amor,amor...


<< ...yo soy de esa generación en la que si tus padres te decían "te quiero" es porque o se iban a morir ellos o te ibas a morir tú.>>
Esto escribía la semana pasada Elvira Lindo y me identifiqué por completo. Fuimos educados en el pudor del sentimiento, en la expresión contenida de los afectos. No vamos aquí a presumir de una infancia desgraciada tipo Oliver Twist, todo lo contrario, pero es verdad que aprendimos a controlar la expresión de las emociones con la contención de un japonés reprimido. El amor, en casa, se manifestaba en silencio, con gestos imperceptibles; con acciones puede, con palabras jamás.
Aprendimos que el único dolor manifestable es el físico, que los otros dolores son fruto del capricho y la fantasía de seres blandengues. Que el corazón sólo interesa como víscera. Que las cosas que uno siente en su interior deben permanecer ocultas, calladas y que si las dejamos escapar deberíamos avergonzarnos como cuando nos suenan las tripas.

Con una educación sentimental semejante ¿cómo nos ha ido en la vida? En la adolescencia, fascinado por Albert Camus, en cuanto tuve novia no pude evitar soltarle aquella frase de "El extranjero": Je t'aime, ça ne veut rien dire. Mi novia como es natural gritó: --¡¿Loqué?! --y, como es lógico, aquella noche no dormí caliente.
Pessoa nos reafirmaba en nuestras convicciones cuando lo leíamos literalmente:
Todas as cartas de amor são
Ridículas.
Não seriam cartas de amor se não fossem
Ridículas.

Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
Como as outras,
Ridículas.
As cartas de amor, se há amor,
Têm de ser
Ridículas.

Debíamos de estar en lo cierto porque hasta en Francia y en Portugal nos daban la razón.
La banda sonora de aquellos años la ponían canciones más cínicas todavía: je t'aime, moi non plus. Y nosotros que habíamos mamado lo de no soltar un tequiero, abrazamos las nuevas consignas de amor descreído como conversos fanáticos de una nueva religión. Resulta una paradoja que abandonamos el catolicismo por represor y castrante pero nuestra nueva ideología nos condenaba a la castidad de forma indirecta; las chicas siempre castigaron como es debido tanta falta de romanticismo.
A mi generación ( y a mi clase social) siempre nos resultaba un tanto chocante la excesiva afectuosidad de la alta sociedad, con tanto besuqueo en las presentaciones,  tanto abrazote cordial entre hombres, tanto darling, tanto cielomío y tanto fingimiento.
Al final claudicamos y descubrimos que, si querías mojar, tenías que enterrar todo lo que te habían enseñado. Cuando Renato Carosone empezó a cantar: Me cago en el amor, ya no le hicimos ni puto caso entretenidos como estábamos en desabrochar un sujetador mientras susurrábamos al oido todas las mentiras de amor que eramos capaces de pergeñar. Decidimos abandonar nuestra frialdad nipona y lanzarnos en tromba a disfrutar del amor y dejarnos de zarandajas, comprobamos la rentabilidad afectiva de los tequieros fueran más o menos ciertos, y nuestra vanidad también gozó lo suyo al escucharlos de labios del otro.
El problema es que, ahora, con tanto lío, además de mostrarnos tímidos, temerosos y timoratos a la hora de decirle a una persona  que la queremos, somos aún más cobardes, cobardones y cobardicas a la hora de decirle que hemos dejado de quererla.

Pero hoy me he levantado más japonés y pudoroso que nunca, por eso no os contaré nada de la desesperante soledad que me gangrena el alma. Eso lo escribirá ese otro que, de vez en cuando, coge la pluma y me suplanta.

lunes, octubre 03, 2011

TEMBLORES DE TIERRA



Un equipo de paleógrafos logra descartar que el registrador de la propiedad de  Chattanooga en  Tennessee, EEUU  tuviera Parkingson.

  --Naada dee esso --han declarado al concluir la investigación.


viernes, septiembre 30, 2011

... mas, a Mas no le faltaba parte de razón



Para una vez que estoy algo de acuerdo con Artur Mas, se desdice, se disculpa y reniega de sus declaraciones.
El caso es que en medio del debate lingüístico se le ha ocurrido decir que, a veces, a los niños gallegos y andaluces no se les entiende bien cuando hablan en castellano. ¡Ay loquemadisho! En seguida saltaron los lideres regionales rasgándose los trajes de Armani , ofendidos porque les habían mentado a la madre, (a la madre patria o la madre matria que no sé ahora cual es la forma correcta en idioma no sexista).
Resulta que en este afán por potenciar lo autóctono, en esa perpetua búsqueda del hecho diferencial autonómico, se ha entronizado el habla vulgar como una seña de identidad irrenunciable. Se ha sacrificado la Prosodia en todos los planes de estudio, se la ha arrinconado como a una hermana bastarda de la Gramática y de la Semántica.
Aunque creo que de pequeño no lo era, he claudicado y me confieso yeísta porque el ruidoso entorno me ha provocado una sordera fonológica. Pero me parece intolerable el nivel de degradación en la pronunciación del castellano actual. No es sólo que locutores de radio y televisión seseen y ceceen por doquier, es que, a menudo, tengo que tirar de mi diccionario farfullo-español español-farfullo para entenderlos.
La Real Academia de la Lengua, tan dogmática y talibana para otras cosas, se muestra permisiva e indulgente con los errores de pronunciación con el fin de no irritar a los académicos americanos. Nosotros mismos nos toleramos hablar con una alpargata en la boca, con lo feo que está hablar con la boca llena.
El moranquismo reinante es muy gracioso pero no me hace ninguna gracia la decadencia perezosa de nuestra pronunciación porque a estos mushashoh  no les entiendo. Debe de ser cosa de la edad. Corro a comprarme un Whisper XL.


martes, septiembre 27, 2011

LA ÚLTIMA CORRIDA (DE TOROS)

 

DESMEMORIAS DE UNA FASHION VICTIM


Sé que prometí no volver a hablar del viaje a China, pero tampoco creo haber hablado nunca de moda, vaya lo uno por lo otro.

Las lavanderías de Asia son una delicia para el viajero. Por un par de euros el kilo te lavan la ropa, te la planchan y es posible que tu mochila esté a la vuelta más ordenada que a la ida. Pero, por si esto falla, cuando viajo tengo por costumbre llevar la ropa más vieja que tengo y la voy abandonando por el camino.
El caso es que en esta ocasión las lavanderías no estaban tan a mano como mis pies habrían deseado por lo que hubo que recurrir al plan B: tirar las camisetas resudadas y comprar ropa nueva.
En una calle comercial desdeñé una tienda de ADidash que estaba junto a otra de Adidhas, que tenía puerta con puerta otra de Ah didas; al final de la calle entré en una tienda Adidas.
El dependiente muy amable, al enterarse de que era español y que buscaba un chandal elegante, me dijo al oído que tenía una sorpresa para mí: la futura equipación del equipo español para el próximo mundial, y me enseñó esto:
¡¡¡¡LA ADIDAS TOREROO!!!!


No pude contener la emoción. Por fin la Roja iba a lucir un atuendo deportivo que iba a reflejar su idiosincrasia, al fin la selección iba a vestirse haciendo honor a la furia española, con un terno que reflejase toda la pureza del sentir de un pueblo.
Como en China siempre te da la sensación de que te están tangando y de que todo es de palo, me fui a un Ciber próximo, entregué mi pasaporte y tras comprobar que la policía no estaba de redada me metí en la página oficial de Adidas. El dependiente no mentía, allí estaba. Haced la prueba si sois tan descreídos como yo.
Volví a la tienda y no pude evitar probarme esa maravilla. 
El traje de luces es por su propia naturaleza ajustado. Aunque tenían varias tallas (lo que prueba que aquel modelo no era de exhibición sino que se vendía bastante bien) dudé de que alguna me sirviera. Hay que tener en cuenta que, pese a que ni yo ni Obelix reconoceremos jamás nuestra gordura,  mi talla en China es una 2XXXL y aquel modelito estaba hecho para  chinorris fashion-victim`s que, aunque la anorexia allí no se estila mucho, son pelín tirillas. El vendedor insistió en que me la probara y cuando un chino se empeña en algo..., ¡tenaces son rediós!
Contuve cuanto pude la respiración para embutirme en la chaquetilla. Lo logré aunque las costuras estaban más tensas que Chewaca anunciando la Epilady.
Traté de calzarme la taleguilla. ¡Ay la taleguilla! Creo que una taleguilla como esa era lo que usaban los emperadores para llenar de eunucos la Ciudad Prohibida. La taleguilla es ajustada por definición como defensa del torero y con el fin de realzar sus atributos. Aquel modelo cumplía perfectamente su misión porque lo marcaba todo, especialmente lorzas. Me miré al espejo para comprobar el empaque que me confería el terno, efectivamente parecía empacado. ¿Cómo expresar en dos palabras como me sentía al contemplar el reflejo de mi efigie?: "vergüenza torera". 
El amable dependiente me preguntó con una sonrisa dentona si me tiraba de la sisa.
-¿De la sisa? Lo que me tira es de los...
Al llenar los pulmones para gritarle, los abalorios empezaron a saltar, disparados como balas negras.
Cuando mi rostro empezaba a adquirir un tinte purpúreo, muy a tono con el traje, decidí desistir y cortarme la coleta, colgando el traje de luces para siempre.
El chino dependiente (que no es lo mismo que un chinodependiente) al ver frustrada la venta me reprochó a voces:
-Tú no compras. Mala idea. Esto pronto será mucha moda en España.

El caso es que tenía razón el jodío. Mientras que en China empiezan a celebrar corridas de toros usando banderillas de velcro, que eso es algo que hay que ver, al llegar a España me encuentro con que en Barcelona celebran la última corrida. Como para compensar, las pasarelas se han llenado de modelitos como el que yo me probé. Incluso EL PAÍS ha sacado un nuevo suplemento de moda en el que un osado fotógrafo y una estilista se han conchabado para disfrazar a un caballo de picador con un traje de torero. Vedlo, incrédulos.



Sé que a algunos os encantaría ver fotos mías en el probador con el chandal puesto. La verdad es que lo intentamos pero el chino no nos dejó y se mosqueó mucho porque: En Occidente lo copian todo.
Para compensaros os dejo con otras fotos de moda torera de una chica llamada Verónica, para que podáis celebrar la última corrida como Dios manda. Y que Dios reparta suerte porque, como reparta justicia...




sábado, septiembre 24, 2011

Diarios estelares: Lluvia de neutrinos o la inmaculada concepción


Quiero ser un torrente de neutrinos
para atravesar tu cuerpo,
para cruzar cada célula tuya.
Quiero penetrarte, sin dejar rastro,
 sin masa, sin materia
para devorarte desde dentro,
sin morderte.
Quiero traspasarte de lado a lado,
como un fantasma incorpóreo,
como un espíritu intangible
que no deja huella,
que no deja mancha.
Una estrella fugaz sin estela
que surque tus ovarios sin rozarlos,
y recorra tu médula espinal,
tu hermosa nuca,
tan sutil y leve
como la sombra de una sombra.


E=mcc
-Verificado, infinitamente más rápido que la velocidad de la luz- exclamaste, defraudada una vez más, al tiempo que volvías a abrocharte tu bata blanca.

domingo, septiembre 11, 2011

DIARIOS ESTELARES: EMERGENCIA SANITARIA EN LA GALAXIA FORTASEC


He estado enfermo. Nada serio, una diarrea de nada. Esta indisposición es bastante incómoda porque el WC de la nave no funciona del todo bien desde que en un intercambio con unos cosmonautas  rusos se empeñaron en transformar el inodoro en una destilería de vodka. Ahora resulta todo  muy incómodo porque cuando me surge una urgencia tenemos que frenar la nave. Con la inercia tarda tanto en parar que apenas tengo tiempo de aliviarme por la escotilla.; a veces estoy tan apurado que no espero a atravesar la atmósfera y mi tercer ojo sufre los rigores de la ignición de reentrada. ¿Habéis leído sobre esa montañita que han descubierto en los anillos de Saturno y cuya composición tanto intriga a los astrónomos? Sí, lo confieso, soy el culpable.

Como llevamos unas semanas navegando por una zona del espacio en la que no hay gasolineras para repostar y se me han agotado los pañales de incontinencia, las Tena Lady, y los ejemplares atrasados del ABC,  mis detritus intestinales han comenzado a inundar la nave. Para mitigar el pestazo y como medida profiláctica  llevo siempre el casco de la escafandra puesto. La fauna intestinal vista de cerca puede resultar más aterradora que el alien más viscoso. El efecto lupa del cristal de la visera aumenta y deforma los bichitos colicoides que flotan por la cápsula como monstruos de pesadilla; y es que en la nave todo se magnifica, lo mismito que en Gran Hermano.
Sozzap aparentemente parece disfrutar con la situación. Ha hinchado la balsa de emergencia (lo que disfruta este hombre con las cosas hinchables). Puesto en pie sobre el bote  comenzó a surcar aquellas aguas fecales. Disfrazado de gondoliero, con una camiseta a rayas y un sombrero  de canotier canta sin descanso "O sole mio" a grito pelado como si estuviéramos en Venecia. Bueno, por el olor cualquiera dudaría.

En caso de enfermedad Sozzap no resulta muy útil. Afortunadamente para estos casos contamos con el auxilio de nuestro robot-cirujano Sade. Cuando estaba a punto de deshidratarme por todos mis orificios él se acercó dulcemente, inclinó la cabeza y me miró con ojillos comprensivos. Sus sensores de última generación detectaron que algo iba mal con mi salud, con una pinza de la ropa taponó su entrada de admisión de aire y se puso manos a la obra.
Sade está tan mono de uniforme, con su carcasa de polivinilo blanco radiante, su cruz roja en el pecho y su cofia en la cabeza. La cruz roja se transforma en una media luna roja cuando surcamos galaxias islámicas o en la silueta de un negro ahorcado cuando atravesamos los dominios del Tea Party.
 Lo malo es que Sade a veces se desprograma un poco al atravesar un campo magnético y se hace algo de lío con los diagnósticos y los tratamientos.
Me recogió del suelo con tierna firmeza, me colgó amorosamente de los pies y comenzó a azotarme el trasero. No cejó en su empeño hasta que yo, sagazmente, imité el llanto de un niño. Sin duda mi genial interpretación logró convencerlo: mis lágrimas fingidas, mis sollozos simulados, mi llanto incontenible, mis alaridos desesperados, mis ojos desorbitados y suplicantes. Le desconcertaron un poco mis "mecagoenlaCPUdetuputamadre" que no acababan de encajarle con las instrucciones del manual de pediatría y obstetricia que albergaba en su memoria interna. Cuando comprobó que la temperatura de mi trasero era la óptima para planchar una camisa cesó la azotaina.
A continuación me sujetó los brazos con unas correas a la camilla. Elevó mis piernas con un soporte obstétrico y me caló la vara del aceite. Anotó el dato minuciosamente en una planilla. Me tomó el pulso. Anotó 200 pulsaciones en la planilla. Meneó la cabeza insatisfecho. Volvió a calar la vara del aceite más hondo. Me volvió a tomar el pulso. Anotó 280 pulsaciones con un gesto de aprobación y una expresión de orgullo profesional.
Sade se muestra amable y obsequioso aunque a veces confunde la cuña con la sonda uretral o utiliza el torno dental para extraerme las legañas. Además nunca se olvida de la hora de mi medicación y, por mucho que intenté resistirme,  hace un ratito me hizo tragar un alfil negro y tres quesitos del Trivial. -Chico malo- musitó y me acarició la frente mientras con cariño acercaba a mis labios un vasito de salfumant.
Como es natural la inevitable tensión sensual entre enfermo y enfermera tenía que estallar. Esta misma noche se inclinó sobre la camilla, arrancó las sábanas de un tirón dejando al descubierto mis blancas carnes apenas cubiertas por una de esas batas de "pedolibre". Se arrancó la cofia con una sensual torsión de cuello y me susurró al oído con su voz metalizada: 
¡Muñeco, te vas a enterar...!


viernes, agosto 19, 2011

LOS BUENOS MODALES

De regreso del planeta Chinorri me encontré con Madrid emPapizado*. El centro de la ciudad estaba abarrotado de bandas de jovenes descontentos provocando tumultos. Uno de los más peligrosos, el hooligan albino de la bufanda de la foto de la derecha, fue arrestado después de provocar una tangana con un tal Mouriñho que le metió un dedo en el ojo y se lo dejó a la virulé. 

Ha resultado muy difícil  publicar nada en el blog y contestar los comentarios porque este mes he estado de viaje. La entrada anterior estaba programada pero el acceso a Internet en China es tortuoso, todo está en contra: los ideogramas, el teclado, la velocidad desesperante. Un ejemplo, estábamos en un megaciber en Hangzhuo de más de 400 ordenadores. Para acceder nos copiaron el pasaporte, cosa habitual. De repente al chico de la fila de al lado se le acercan dos policias de paisano, le preguntan si está usando  ese ordenador, le hacen unas fotos junto a la pantalla, con las esposas ya puestas, y se lo llevan arrestado. Quedé con las ganas de hacer una foto pero no estaba el horno para bollos asi que tenéis todo el derecho de no creerme, no tengo pruebas.
No somos los primeros que hemos viajado a China; desde Marco Polo hasta hoy han pasado millones de viajeros por lo que no os daré la brasa con un relato de turista. El que quiera saber como es que vaya o se compre el National Geographic y me deje en paz. Hoy vamos a hablar de los buenos modales.

Si vuestra china madre os decía que no se habla con la boca llena, ni se mastica con la boca abierta enseñando los rollitos primavera que os comisteis en la primavera del 68, tenía razón, hacedle caso.
 Si insistía en que antes de entrar hay que dejar salir, sobre todo cuando en el metro no cabe ni un grano de arroz más, hacedle caso.
Cuando os indicaba que no se puede gritar en espacios cerrados, sobre todo si hay un tímpano a centímetros de tu boca, hacedle caso.
Si os prohibía escupir en el suelo del salón, sonarse los mocos en las cortinas, limpiarse las orejas con una uña infinita, alguna razón tendría la buena mujer.
Cuando os enseñaba a controlar los esfínteres y os recordaba que en medio de la Ciudad Prohibida no se mea, ni se caga haciendo cola en el autobús de Xian, que es mejor separarse discretamente de la cola por lo menos un metro y medio, creedme, vuestra madre estaba en lo cierto.
Si os decía que la mejor forma de zanjar una discusión con el novio  no es arrojarlo  al rio de Fenghuang y tirarle el bolso a la cabeza a ver si lo rematas, lo hacía por vuestro bien.

Y cuando os enseñaba que cuando unos jóvenes se reunen reclamando libertad no se les debe aplastar con un tanque ¿Por qué no escuchasteis a vuestras madres?




*EmPapizarse: En asturiano, atragantarse cuando uno se come un Papa indigerible.

jueves, julio 28, 2011

El cementerio de Praga


La foto de los miruéndanos es de jlmaral


En el cementerio de Praga, junto a mi tumba, crece una pequeña mata de fresas salvajes. Las turistas más osadas y golosas se agachan para robar los deliciosos frutos. Por un instante disfruto con la cercanía de sus piernas.
A ellas les durará un segundo el placer en la boca. Yo tendré que paladearlo hasta la próxima primavera.
Agradecido me esfuerzo en corromperme un poco más para conseguir una mejor cosecha el año que viene.






domingo, julio 03, 2011

EZZGAE

Disfruta GRATIS de la webcam instalada en las duchas de la prisión donde han ingresado los miembros de la EZZGAE. Y si prefieres nuestro servicio PREMIUM por un Euro adicional podrás arrojar una pastilla de jabón al suelo.



Que a ningún internauta se le ocurra cantar Victoria. Le pasarán la factura desde el calabozo.