lunes, octubre 03, 2016

AMANECEDADES



Esta mañana me desperté crujiente cuando el mundo era tan sólo un pespunte de luz en la persiana. 
Devoré una tostada legañosa con el café y unté la mermelada sobre la esponja del baño. 
Revolví las sábanas con la cucharilla, las almohadas me saludaron desde las bocas de la tostadora mientras mi cabeza daba vueltas en el microondas. Un chorrito de leche me bautizó desde la regadera de la ducha. Mezclé dos azucarillos con el Listerine y me afeité un sobaco.
El albornoz surfeaba con la tabla de planchar sobre la tarima flotante, la báscula marcaba las 6:30 y castigaba mi mala conciencia con su sirena estridente.
Extendí la mantequilla sobre el pijama  con el cepillo de dientes. Recosté la cabeza sobre un croissant, relamí las campanillas del despertador y sacudí un par de pesadillas que retozaban en la alfombra. 
Guardé la leche en la puerta del ascensor, rellené con pienso el comedero de mi mujer y arropé al perro con un beso.
Me anudé un calcetín al cuello con una lazada perfecta, oriné por última vez contra el espejo y salí por la ventana dispuesto a comerme el mundo.

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